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La reconstrucción del progreso.

Nuestra crisis es económica, sin duda, pero esto es solo la consecuencia de una realidad mucho más profunda relacionada en gran medida con los valores que han dirigido la evolución de nuestra sociedad en los últimos años.

El valor para los accionistas como prioridad máxima (y en ocasiones casi única) de compañías que han sido referentes empresariales, ha orientado una gestión con derivaciones poco sostenibles y menos coherentes con el apoyo mutuo necesario para asegurar un crecimiento equilibrado en términos sociales.

Es cierto que la apertura de los mercados trajo el incremento de la competencia como un factor nuevo con el que había que convivir, pero en armonía. Y en lugar de apostar por el equipo como principal argumento competitivo y único sostenible en el tiempo, optamos por el corto plazo, por el personalismo, por un liderazgo casi apostólico, indiscutible y que no veía más allá del resultado inmediato. Una sobrevaloración de las capacidades del líder que ha terminado dándose de bruces con la realidad: nadie es mejor que la suma de las capacidades y el esfuerzo compartido de los equipos.

Aquella situación de exigencia de resultados a corto, de crecimiento a costa de lo que fuese, de crecimiento poco coherente con el entorno, ha tenido efectos muy dañinos en dos elementos clave en la gestión empresarial: una pérdida considerable de confianza entre todos los grupos de interés en las empresas (directivos, empleados, clientes, proveedores, grupos sociales en torno a la empresa, …), y la instalación de una especie de egoísmo en la gestión que tenían una salida difícil diferente a esta crisis en que seguimos inmersos.

Ese concepto que comentaba de creación de valor para el accionista casi como única prioridad es uno de los que ha propiciado, al menos en parte, esos dos errores de gestión que tanto han influido en esta crisis; y como la mejor forma de resolver un problema es identificar sus causas y corregirlas desde el inicio, este diagnóstico podría comenzar a darnos pistas para romper la espiral negativa en que nos encontramos:

–       Pérdida de confianza, en tanto que los resultados a corto sin visión sólida y compartida se producen en muchas ocasiones como consecuencia de extensión en la empresa de una cultura orientada al beneficio de manera agresiva marginando al cliente –y al proveedor, y al entono social, …-, que es el juez más inflexible del valor de la empresa en el tiempo.

–       Egoismo en la gestión, con sobrevaloración de la figura del directivo y la asignación de retribuciones a la alta dirección vinculadas al valor de la empresa a corto plazo, sin contemplar los compromisos futuros que esa gestión pudiera acarrear.

Y aunque seguro que tenemos que hacer muchas más cosas para volver a la senda del progreso, comenzar recuperando el concepto de equipo tanto en el interior de la empresa como en la relación con sus stakeholders, redescubrir la misión a largo plazo, el compromiso, el concepto gana-gana con los empleados, los clientes, los proveedores; la responsabilidad social corporativa, la creación de valor, en definitiva, para todos los grupos de interés en la empresa con una orientación de sostenibilidad que trasciende las reacciones a corto plazo que han presidido muchas de las relaciones de los años de la tristemente famosa burbuja, es una forma de comenzar a reconstruir el edificio del progreso sobre las bases sólidas que nunca debimos abandonar.

La RSC en tiempos de crisis

En los últimos tiempos, con la crisis persistente y las dificultades para encontrar caminos que conduzcan a una situación más despejada para la actividad empresarial, algunas voces han comenzado a poner en duda la utilidad de la Responsabilidad Social Corporativa (Responsabilidad Social Empresarial, en terminología equivalente) más allá de una mera actividad cosmética de difícil encaje en tiempos de crisis.

Con la única intención de aportar la posición del Círculo, recogida en nuestra misión y objetivos, y consecuencia del debate interno y fijación de la orientación de nuestra actuación quisiera aportar que lejos de esa visión cortoplacista de la RSC, nuestra opinión es que la Responsabilidad Social es algo implícito en el propio concepto de empresa, y siendo un elemento estratégico de cualquier compañía, afecta tanto al largo como al corto plazo de la empresa.

Y esto tanto en época de bonanza como en tiempos de crisis. Yo diría, incluso, que su integración en los programas, objetivos, actividades y actitudes de la empresa es mucho más importante en tiempos de crisis.

Porque la Responsabilidad Social Empresarial no es otra cosa que la plasmación del compromiso de la empresa con la sociedad, con todos y cada uno de los grupos de interés (stakeholders) de la compañía: consiste, en definitiva, en aplicar la ética en los negocios a las relaciones con todos esos grupos de interés: empleados, clientes, proveedores, accionistas, administraciones, entorno social y natural, …, participando activamente en el desarrollo armónico y sostenible de la sociedad.

Ese objetivo de contribuir activamente al desarrollo social es, sin duda, de largo plazo pero tiene implicaciones a corto muy importantes porque, como sabemos bien, no hay largo sin corto. Si queremos ser interlocutores sociales apreciados dentro de 10, 20, 30 años, tendremos que serlo este año, y el próximo, y el siguiente, …

Esa focalización, por tanto, en el crecimiento conjunto nunca puede ser un tema “para más adelante”. Es un asunto para hoy, mucho más, como decía, en tiempos de crisis.

No se trata de inventar grandes programas, sino de hacer bien lo que tenemos que hacer tratando de buscar la satisfacción de todos nuestros interlocutores, compatible con nuestro propio crecimiento (si todos a nuestro alrededor están satisfechos con nuestra labor pero nosotros no avanzamos, pronto dejarán de estarlo porque desapareceremos).

Se trata de buscar entre todas las alternativas la más útil desde el planteamiento comentado de valor compartido; cumpliendo la ley, por supuesto, pero tratando de ir un poco más allá al incorporar el valor social a todos nuestras decisiones empresariales.

Un buen punto de reflexión en este tiempo es nuestro compromiso, en tanto que empresarios, con el empleo, auténtico problema de nuestro país, consecuencia y seguramente más origen de todos nuestros problemas económicos.

¿Cómo podemos abordarlo desde este planteamiento de Responsabilidad Social que estoy comentando?. Es cierto que aún estamos en recesión, que el consumo interno no reacciona, que no es fácil reducir los costes de estructura de nuestras empresas para poder continuar nuestra labor, y es verdad que en determinadas condiciones la legislación permite, mediante expedientes de regulación de empleo, reducir las plantillas de las empresas en condiciones menos gravosas para el empresario, pero … ¿es esta la mejor de las soluciones?.

En ocasiones, cuando el problema es realmente estructural, no hay alternativas viables; pero en otras muchas, esta es una solución de corto plazo, lo que nos puede llevar, con una visión exclusivamente económico-financiera de la empresa, a cometer el error de condicionar seriamente el futuro de la compañía por un corto plazo más que dudoso, porque en la salida de personal, sale de la empresa conocimiento tácito y explícito, experiencia, compromiso, prescripción, … elementos fundamentales sobre los que deberíamos construir el futuro de la compañía, por lo que agotar todas las posibilidades y no dejar de tener la mirada puesta en el futuro deseado desde un presente comprometido y compartido con todos los empleados posibles, es igualmente Responsabilidad Social Corporativa con una visión también a corto plazo, especialmente útil, como decía, en tiempos de crisis.