Etiqueta: turismo residencial

¿Qué tipo de vivienda adquieren los extranjeros?

Mientras en términos agregados pesa más la vivienda usada que la nueva, hay algunas nacionalidades que destacan por decantarse mayoritariamente por casas a estrenar. Se trata de los ciudadanos de los países con mayor poder adquisitivo. Entre ellos están los holandeses (con el 58,61% de las compras de casas nuevas), los rusos (56,82%), suecos (54,69%), belgas (52,96%), noruegos (52,83%) y británicos (52,1%).

En cuanto a la superficie media, también se nota cómo los compradores con más presupuesto optan por comprar casas más grandes, aquellas de más de 100 metros cuadrados. En esa categoría se engloban de nuevo los rusos (con casi el 40% de las operaciones), los holandeses (49,59%), noruegos (43,46%), suizos (43,04%), británicos (38,24%), daneses y alemanes, con algo más del 36%.

(Fuente: http://cincodias.com/cincodias/2013/05/02/economia/1367507664_319231.html)

El futuro del sector inmobiliario. De burbujas y otras consideraciones (2)

En el último post terminaba apuntando la necesidad de creer en el sector inmobiliario como uno de los motores necesarios para la recuperación, pero tal como indicaba entonces, no se trata de una apuesta ciega ni ilimitada. Hablo de una apuesta profesional, consciente, soporte de una estrategia clara de impulso a nuestro tejido productivo y a los sectores tanto tradicionales en esta zona como emergentes vinculados a la sostenibilidad y a la tecnología.

No es la piedra filosofal pero se parece mucho en tanto que puede y debe ser motor de arrastre de sectores tan variados e importantes como el turismo, tanto residencial como vacacional; o el cerámico, el mueble, el electrodoméstico, el tecnológico, el sector del reciclaje, los servicios de todo tipo, ….

Se trata, por tanto, del sector que mejor puede tirar del empleo a corto y medio plazo, a la vez que es capaz de impulsar un crecimiento industrial complementario en sus inicios que poco a poco vaya consolidando un modelo industrial cada día menos dependiente y, por tanto, más inmune a nuevas crisis que sin duda se seguirán produciendo.

Pero como decía es necesario abordarlo con profesionalidad, con proyectos sostenibles, respetuosos con el entorno –cuidar una de nuestras mayores ventajas competitivas, el entorno, es no solo obligado, sino también inteligente si queremos que esa ventaja persista en el tiempo-, orientados al cliente en todos sus segmentos y en todas sus expectativas, y por supuesto orientados también a resultados –que están en la base de la sostenibilidad de cualquier empresa-, pero no exclusivamente a corto plazo –que sin duda es necesario para sobrevivir pero, sobre todo, para apuntalar el éxito a largo-.

En este punto creo que merece la pena hacer dos comentarios: uno sobre la internacionalización de nuestra actividad empresarial, y otro sobre la identificación correcta de nuestros clientes objetivos, tanto para las nuevas construcciones como para los inmuebles en stock fruto del crecimiento un tanto desordenado que comentaba en el post anterior.

Respecto a la internacionalización, parece claro que en este mundo global las empresas debemos adoptar igualmente una visión global, aprovechando las ventajas de la internacionalización y tratando de minimizar los riesgos que también incorpora.

En prácticamente todos los sectores, y también en el inmobiliario, abrir nuestra mente al mundo es imprescindible para competir, aún cuando por nuestro tamaño o por la orientación de nuestra actividad, el ámbito de actuación que pretendamos sea mucho más próximo.

Pero es que vivimos en la era de la información, que constituye un input básico en el proceso de producción de cualquier empresa: necesitamos información de clientes, de proveedores, de competidores, de precios, de necesidades y expectativas, de impactos legislativos, de mercados, de procesos, de sector, … y en este punto y en este sector las asociaciones empresariales y especialmente las administraciones tienen mucho que aportar desde un planteamiento integrado de acción: asesorar a las empresas del sector inmobiliario sobre países, tipos de clientes; necesidades y expectativas; diseño, realización y acompañamiento en misiones comerciales, … se pueden hacer muchas cosas interesantes para el sector pero, como decía, desde planteamientos integrados, buscando sinergias entre todos los actores (ICEX, IVEX, Embajadas, Asociaciones Empresariales, Cámaras de Comercio, etc.) y no con guerras de guerrillas como ha ocurrido con frecuencia.

Y también desde la potenciación de la marca España como una marca de confianza, recuperando una imagen exterior que en los últimos tiempos ha caído de forma relevante asociada a la crisis económica, a escándalos de corrupción y a algunas actuaciones en el sector poco consistentes con esa imagen de calidad y diferenciación que deberíamos transmitir, que nuestra posición de futuro no puede ser la de costes bajos, punto en el que tenemos muy complicado competir en el corto y medio plazo con otros países emergentes que están trabajando bien ese tema, pero a los que superamos en experiencia, entorno y servicio, que es necesario poner en valor.

Y así, nos planteamos identificar al cliente al que queremos dirigirnos con un producto especialmente diseñado para atender y superar cuando sea posible sus expectativas. En sus países de origen (hay ejemplos magníficos de empresas de nuestro entorno próximo con proyectos y realidades en obra pública y construcción privada en países del norte de África, en los Emiratos, o en Sudamérica -Brasil, México, etc.-), o en nuestro territorio en los conceptos de turismo residencial o vacacional (y también aquí tenemos muy buenos ejemplos).

Pero no debemos confundirnos. En este tiempo, con clientes cada día más exigentes, la internacionalización no es solo una cuestión de decisión puntual; tiene que obedecer a un planteamiento estratégico del que no pueden esperarse resultados inmediatos. En esta como en ninguna otra estrategia, el éxito sostenido llega tras una siembra amplia, constante, focalizada, de la mano de expertos que hubieran hecho el recorrido con antelación o que conozcan perfectamente el destino (del cliente o de la urbanización, que seguimos hablando de internacionalización “aquí” –turismo internacional residencial y vacacional- y “allí” –construcción en otros países, especialmente emergentes- a los que podemos aportar tecnología, conocimiento, capacidad, know how, … negocio-).

Y salir, como decía, acompañados por expertos y con empresas complementarias en sectores o ubicaciones con focalización similar.

Un error frecuente es el de tratar de recolocar en el exterior excedentes construidos en nuestra zona con criterio exclusivo de sol y playa para un turismo masivo propio de la etapa anterior, a público extranjero poco exigente. Esa es una dinámica que el mercado ha reiterado que no funciona e insistir en ella solo puede atentar frontalmente contra esa imagen de calidad y diferenciación que entendemos que es la solución por la que debería apostar el sector inmobiliario.

Pero ese stock hay que liquidarlo porque actúa como un freno sobre todo el sector que dificulta abordar proyectos nuevos, fundamentalmente por la expectativa en muchas ocasiones irracional de bajadas constantes de precios. Y hay pocas alternativas salvo en subasta o por precio, pero con rapidez, o si las empresas tienen colchón suficiente, manteniendo precios y esperando tiempos mejores (lo que no será fácil, salvo en casos puntuales, ya que los nuevos proyectos probablemente partirán de costes más reducidos y con una orientación más clara a cada segmento objetivo de clientes). La labor de la Sareb, aún poco definida, debería aportar luz a la solución de este problema que incide negativamente sobre todo el sector.

En definitiva, nuestro futuro a corto y medio plazo pasa, entiendo, por la reactivación del sector inmobiliario en tanto que motor aún irreemplazable de la actividad económica de nuestro país, sin llegar al nivel de dependencia que tuvo en los últimos 20 años para ir dando paso poco a poco a otros sectores industriales que complementen de manera sólida esta actividad, pero con planteamientos diferenciados, adaptados a cada tipo de clientes objetivo –local, nacional, internacional, y dentro de cada grupo, diferenciando por segmentos tanto de renta como de expectativas, de manera que seamos capaces de ofrecer una experiencia diferente, única y mejor a esos clientes a los que nos dirigimos-; en colaboración; con profesionalidad; con empresarios conocedores, conscientes y convencidos de la utilidad económica y social de su actividad; con visión de largo plazo. Como sabemos hacerlo si nos lo proponemos.

Las PYMES y la internacionalización (4).

Terminaba el tercer post sobre internacionalización hablando de la necesidad de coordinar esfuerzos, empresas y administraciones, para ofrecer un servicio integral y diferencial a los clientes extranjeros, de manera específica en los sectores relacionados con el turismo.

Esta necesaria coordinación ofrece, en consecuencia, una buena oportunidad para la internacionalización de las PYMES, que deben alinear esfuerzos y construir juntas una cadena de valor que se adecúe al menos a las mejores expectativas de esos clientes a los que pretendemos captar, tanto en turismo residencial como en el turismo vacacional, unidos al aprendizaje del idioma español, el convenio con centros deportivos y culturales (tenemos multitud de infraestructuras excelentes, poco utilizadas), acuerdos con Universidades, hospitales y centros de salud, etc., que ofrecen posibilidades de integrar actividades capaces de configurar ofertas difíciles de igualar por otros destinos que, no obstante, si no despertamos a tiempo pueden incluso superarnos: Turquía -cuya economía está creciendo de manera espectacular tratando, por experiencia de países próximos como España, de controlar posibles burbujas de crédito-, por ejemplo, está haciendo importantes esfuerzos y obteniendo buenos resultados en turismo sanitario cuando nuestros recursos ofrecen excelentes prestaciones en ese campo y no los aprovechamos suficientemente, a la vez que huimos del factor precio como única vía de diferenciación –o al menos de captación de clientes- que, al final, tiene pocas posibilidades de ofrecer expectativas de futuro porque siempre habrá destinos más baratos y con condiciones básicas similares a las nuestras.

Esta oportunidad que encontramos para las PYMES en la vía definida de captación de clientes extranjeros para actividades en nuestro país, es igualmente válida cuando lo que planteamos es salir al exterior, exportar, distribuir nuestro producto en otros países.

Y siendo cierto que las empresas grandes tienen mayores facilidades para internacionalizarse debido a que habitualmente disponen de más recursos de todo tipo (materiales, económicos, personales, de gestión, y de información), también las PYMES pueden tener éxito en estrategias de internacionalización identificando segmentos específicos de clientes aún no disputados e interesados en un producto/servicio concreto de la empresa y, sobre todo, estableciendo vías de colaboración con otras empresas no competidoras, basadas en la profesionalidad, honestidad y confianza entre las partes, de manera que puedan configurar una oferta competitiva para el segmento de clientes y el país objetivo.