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¿Menos puede ser más?

Fundamentalmente debido al desarrollo y expansión de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s) así como la proliferación de las redes destinadas a internet, hemos pasado en un relativo corto espacio de tiempo de un escenario en el que costaba conseguir suficiente información para poder tomar decisiones a otro en el que lo difícil, dada la cantidad de información disponible, es poder discriminar la realmente importante y desechar el resto.

Ésto es lo que se suele llamar infoxicación (intoxicación por exceso de información) y esta indigestión suele desembocar en un proceso de parálisis por el análisis.

Esta infoxicación no sólo impacta en la red. Como explica Francisco Alcaíde en su blog , pese a  que cabría esperar que cuanta mayor información disponga el consumidor, mayor facilidad tendrá para tomar su decisión, parece que si no se encuentra un equilibrio, el consumidor se bloquea y acaba postergando su decisión pues “cuantas más alternativas damos a los usuarios, mayor es la percepción que tienen de equivocarse lo que frena la decisión de compra“.

Según el psicólogo Barry Schwartz “viviríamos mejor si bajáramos las expectativas sobre el resultado de nuestras decisiones”.

Para explicar este efecto pone como ejemplo un estudio realizado en el que en una tienda de gourmets, se ofrecían descuentos por la compra de mermeladas. En el caso que se ofrecía a los clientes probar como máximo 6 mermeladas, el 30% de los clientes acabó comprando. Se realizó la misma prueba pero dando a probar 24 tipos de mermeladas, y en este caso sólo el 3% de las personas compraron.

Pese a que la tendencia es a complicarla, parece que simplificar la vida nos hace ser más propensos a la felicidad, y así se puede explicar porque menos puede ser más.

Sin embargo, lo cierto es que aunque lo simple tiene mucho poder, hay que “saber mucho para ser sencillo”.

José Luis Gascó es Director del Master de Dirección y Gestión de Recursos Humanos de la Universidad de Alicante.

6 Fases para optimizar el proceso de Toma de Decisiones.

Si hablamos con cualquier directivo o empresario y le preguntamos qué hace en su día  a día, hay un denominador común en sus acciones, tomar decisiones para que las cosas se hagan, para que se lleven a término, por ello, el proceso de toma de decisiones forma parte de nuestra realidad diaria. Algunas de estas decisiones son más importantes o fundamentales y otras son más sencillas y las tomamos de forma casi automática. En nuestra vida profesional también tomamos diariamente decisiones que pueden marcar nuestro futuro en la empresa y el éxito o fracaso de una idea o proyecto, de aquí la importancia que concedemos a la utilización de un método en esta toma de decisiones que conociendo en qué partes puede dividirse el proceso nos permita conseguir optimizar los resultados de nuestras decisiones.

Por ello entendemos que es de sumo interés para el directivo tener en cuenta algunos pasos de este proceso, destacamos los siguientes:

1.  Describir el problema o el objetivo al que queremos llegar.  Definiendo claramente los objetivos que queremos alcanzar podremos tener más claro qué decisiones van a ayudarnos.

2. Análisis del problema o la decisión a tomar. Una vez hemos definido el problema al que nos enfrentamos hemos de recopilar la información necesaria para analizarlo de la forma más objetiva y completa posible. Para ello debemos ser objetivos al plantear las situaciones, sin opiniones ni juicios de valor, sino únicamente las circunstancias de la forma más objetiva posible.  Para esta definición y recopilación de información nos puede ayudar elaborar una checklist. Es importante recabar toda la información que sea posible sin obsesionarnos con este paso, ya que podemos llegar a la “parálisis por análisis”,   dedicando tanto tiempo a esta fase que resulta demasiado tarde para tomar decisiones.  Debemos atender a la información relevante, y desechar la  que no nos aporta valor.

3. Generar alternativas. En esta fase debemos generar todas las alternativas que nos sea posible. Analizaremos todas las posibilidades y las consecuencias de las mismas.  Debemos valorar si estas alternativas realmente nos permitirán llevar a cabo los objetivos que nos hemos planteado. Existen técnicas de solución de problemas que pueden ayudarnos a generar alternativas. Cuantas más personas participen en el proceso más aspectos se tendrán en cuenta y más ideas podremos obtener.

4. Selección de la alternativa que finalmente llevaremos a cabo. Hemos de valorar que la decisión que tomemos tendrá unas determinadas consecuencias. Debemos asumir que el error es posible y hemos de tomarlo como una forma de mejorar en nuestros procesos futuros.

5. Pasar de la decisión a la acción. De nada sirve elaborar este proceso y llegar a la conclusión  si posteriormente no ponemos en práctica la decisión tomada.  Es importante no tomar decisiones en base a emociones. Es preferible esperar y hacerlo de forma meditada.

6. Valorar las consecuencias y el éxito de la decisión adoptada.  Debemos saber rectificar si detectamos que estamos tomando una decisión errónea. La valoración de las consecuencias y del alcance de los objetivos nos permitirán ajustar futuras decisiones y nos enseñarán a mejorar los procesos.  Tan importante es tomar la decisión y llevarla a la práctica, como valorar los resultados de la misma. Sin este paso nos quedamos en un proceso incompleto.

Posiblemente en nuestra dinámica diaria ya tomamos decisiones, en algunos de estos procesos tenemos en cuenta los pasos descritos aunque de forma casi automática, pero sin duda en muchas otras no. Si somos conscientes de las diferentes fases del proceso y de los éxitos y errores que nos encontramos en el camino, conseguiremos ir depurando nuestra toma de decisiones y mejorando través de nuestra experiencia. 

(Publicado también en Campus y Empresa)