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El secreto está en las preguntas (2)

Decíamos en el post anterior que los resultados que vamos obteniendo en nuestras vidas tienen que ver con las preguntas que nos hacemos. Las preguntas generan respuestas y las respuestas, resultados.

Cuando nos vemos enfrentados a una situación complicada, un bloqueo, un fracaso, tratamos de encontrar soluciones, respuestas. Pero es inútil. No encontraremos respuestas adecuadas si no cambiamos las preguntas que nos llevaron a esta situación.

Según Marilee Adams, en su libro “Change your questions, change your Life” (no está publicado en castellano) ante las situaciones desfavorables existen dos tipos de actitudes: la del Aprendiz y la del Juez. En cada momento de nuestra vida, elegimos una de las dos.

Veamos primero la del Juez. Se trata de una actitud reactiva. Cuando estamos en ella, nos hacemos preguntas orientadas casi siempre hacia el pasado y defensivas: ¿por qué ha pasado esto? ¿Qué ha salido mal? ¿En qué he fallado? ¿De quién es la culpa? ¿Cómo puedo demostrar que tengo razón? ¿Por qué esta persona es tan frustrante? ¿Cómo puedo recuperar el control? ¿Para qué preocuparse?…

Este tipo de preguntas nos lleva a respuestas limitantes y poco creativas. No nos abren nuevas puertas. Nos obligan a seguir mirando el problema con la misma mentalidad que teníamos cuando lo creamos, como decía Einstein.

Por el contrario, la actitud del Aprendiz es una actitud proactiva. En ésta, nos hacemos preguntas orientadas al futuro y al aprendizaje: ¿qué funciona bien? ¿De qué parte soy yo responsable? ¿Qué quiero lograr? ¿Qué puedo aprender de esto? ¿Cuáles son los hechos y qué es útil sacar de ellos? ¿Qué piensa, siente o quiere la otra persona? ¿Qué es posible hacer? ¿Qué perspectiva debo tomar? ¿Conozco alguien que haya pasado por esto y me pueda aconsejar?…

Este tipo de preguntas nos lleva necesariamente a la búsqueda de respuestas en lugares donde antes no habíamos mirado y nos sitúa en una posición distinta: la de la capacidad de elegir y de hacer.

Todos tenemos las dos actitudes, a veces varias veces en el mismo día, y nos hacemos los dos tipos de preguntas. Unas nos llevan a nuevas oportunidades y las otras no. Lo importante es saber que tenemos el poder de elegir qué tipo de preguntas hacernos a cada momento y de cambiar a la actitud del Aprendiz cuando nos pillamos a nosotros mismos siendo Jueces.

Y recuerda algo que decimos los coaches: “no elegir ya es elegir”. Si estás pensando que tú no eliges conscientemente el tipo de preguntas que te haces, aquí tienes la respuesta.

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El secreto está en las preguntas (1)

Decía Albert Einstein que “lo importante es no dejar de hacerse preguntas” refiriéndose a la curiosidad como elemento indispensable del descubrimiento y del progreso.

La mayor parte del tiempo ni siquiera somos conscientes de estar haciéndonos preguntas, pero forman parte de nuestro proceso de pensamiento en cada momento de nuestra vida. Pensar es en realidad un proceso de preguntas y respuestas que ocurre en nuestro cerebro a la velocidad de la luz.

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, nuestro cerebro está analizando el entorno y haciendo preguntas sobre el mismo para comprenderlo, integrarlo y tomar decisiones. Qué ropa nos ponemos cada día, qué comemos, con quién queremos hablar, de qué, qué tareas realizar ese día, por dónde empezar, qué necesitamos comprar, para qué, qué podemos hacer para convencer a ese cliente, cómo solucionar ese conflicto con un compañero, qué ha querido decir fulanito…nuestra vida cotidiana es un baile continuo de preguntas y respuestas.

Y las preguntas conducen a resultados. Consideremos por ejemplo tres líderes de empresa, cada uno de ellos tratando de dar respuesta a cada una de estas preguntas: ¿cuál es la mejor forma de satisfacer a los accionistas?, ¿cuál es la mejor forma de satisfacer a los clientes? y ¿cuál es la mejor forma de satisfacer a los empleados?

Cada una de estas preguntas llevará a cada organización a realizar proyectos diferentes y por tanto a resultados diferentes.

Sin embargo, a pesar de la importancia de las preguntas, solemos poner el foco en la búsqueda de respuestas, especialmente cuando nos sentimos bloqueados o nos enfrentamos a la incertidumbre: “¡quiero respuestas!” suele ser el grito de guerra del líder en apuros.

La cuestión está en que los problemas, los bloqueos, los fracasos, no son hechos aislados sino que son procesos, como veíamos en el post La diferencia entre estar en la media o sobresalir. Es decir, son las respuestas a preguntas que se hicieron previamente.

Por ello, el secreto para resolver un problema no está en poner el foco en encontrar respuestas sino en cambiar las preguntas. Citando a Einstein una vez más: “no podemos resolver problemas con el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando los creamos”.

¿Y cuál es el primer paso para cambiar las preguntas? Pues como en casi todo lo que tiene que ver con el cambio, lo primero es tomar conciencia de dónde estamos, de dónde partimos, especialmente en lo que se refiere a nosotros mismos: ¿desde qué actitud estamos observando la situación? ¿Estamos mirando al pasado, buscando explicaciones y culpables? O por el contrario ¿las preguntas que nos estamos haciendo nos enfocan hacia nuevas posibilidades?

En el próximo post seguiremos hablando del arte de hacerse preguntas, veremos cómo distintas actitudes conducen a distintos tipos de preguntas y por tanto hacia distintos caminos, unos de éxito y otros no tanto.

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