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La Confianza, en la base de la recuperación.

La recuperación económica tiene que ver, evidentemente, con la reactivación de la actividad comercial, con el incremento de la producción y ventas de las empresas, lo que equivale a aumentos en el consumo, completamente relacionado con la disminución de la tasa de desempleo, lo que exige un flujo del crédito muy difícil en estos momentos, ….

Todos estos temas definen una especie de espiral negativa de la que es imprescindible salir, y se han apuntado muchas de las líneas de trabajo necesarias para hacer frente a esta situación por parte de las empresas: innovación, mejora de la eficiencia, internacionalización, …

Todas son necesarias, pero muy complicadas de implantar si no recuperamos el factor crítico, el único catalizador capaz de romper este círculo vicioso en que parecemos instalados. Ese factor es, sin duda, la confianza, a nivel interno y a nivel internacional.

El mundo es global y la economía es, probablemente, uno de los vectores que más incide en esa globalización.

Eso de “los mercados” es cierto. Nuestra dependencia del exterior –como la dependencia mutua de todos los estados, máxime en comunidades supranacionales como la Unión Europea- es muy importante. Ahí hemos fundamentado nuestro crecimiento en los últimos 15 años, en una abundancia de financiación exterior muy barata, que hemos utilizado –a través de los bancos- para financiar el que ha sido el principal motor de nuestra economía durante ese tiempo: el sector de la construcción.

El pinchazo de la burbuja inmobiliaria, como sabemos bien, ha sido el origen de esta depresión. “Los mercados” se pusieron nerviosos, comenzaron a desconfiar de nuestra capacidad de endeudamiento y cerraron el grifo del crédito nuevo, a la vez que exigían al vencimiento –como es lógico- la devolución de los créditos pasados.

Se perdió la confianza en nuestra capacidad de generación de recursos suficientes para mantener los importantes crecimientos que teníamos, y que inmediatamente se vio que no se asentaban sobre bases suficientemente sólidas.

Naturalmente, en este tiempo tenemos que ir adecuando nuestra realidad a la capacidad de generación de recursos que tenemos, lo que justifica determinadas políticas de ajuste que en muchos casos nos vienen impuestas por la Unión Europea.

Pero en paralelo, tenemos que abordar cuanto antes políticas y prácticas que apoyen el crecimiento, ya que de otra forma la depresión sin tratamiento curativo, solo produce más .

Y el primer tratamiento es infundir confianza, seguridad, a los mercados. Es algo que no podemos hacer solos. El compromiso de la unión Europea debe ser total. Los inversores, españoles y extranjeros, deben tener la certeza de que invertir en España es seguro, ya sea vía eurobonos o compromiso indudable del Banco Central Europeo.

La segunda vía parece la más viable en estos momentos, y solo con apuntarla el BCE se ha visto una mejora sustancial de ese indicador, la confianza, en nuestro país.

El llamado “rescate bancario” –muchas veces incomprendido pero, en mi opinión, imprescindible porque estamos en una economía bancarizada que difícilmente soportaría la quiebra de una parte relevante del sistema bancario y que, en cualquier caso, es fundamental para facilitar el flujo del crédito- y solo el anuncio de apoyo sin fisuras del BCE, han comenzado a incorporar un poco más de lógica al mercado, con un impacto positivo fuerte en la prima de riesgo española y la apertura de esos mercados, por primera vez n muchos meses, a financiación directa de empresas españolas.

Profundizar en la línea de consolidar esta incipiente confianza en nuestro país y en las empresas españolas es, sin duda, comenzar a andar el camino de la recuperación, y si para eso es necesario pedir el rescate a la UE sin, como se ha dicho, exigencias de ajuste adicionales, creo que no debería haber ninguna duda, mucho menos por razones coyunturales, que la crisis en la que vivimos está pasando ya factura estructural.