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Siete de cada diez personas que abandonan una empresa es por sus jefes

El consultor Juan Carlos Cubeiro participa en una jornada del Círculo de Economía Alicante sobre talento y desarrollo de la función directiva

El liderazgo no es tener la vara de mando, sino «un talento para influir decisivamente en los demás», según manifestó el reconocido consultor y especialista en gestión de equipos y liderazgo Juan Carlos Cubeiro en la jornada organizada el pasado jueves, 25 de mayo, por el Círculo de Economía de la Provincia de Alicante en colaboración con Manpower Group, a la que asistieron un nutrido grupo de directivos de firmas destacadas como Melià, Famosa, Sistel, Devesa&Calvo, Forlopd, Energy Sistem, Blinker, Oftex, Camacho Recycling, Sabadell o Grupo Casamayor, entre otros.

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Durante su intervención, Cubeiro destacó aspectos como que «el 60% de la productividad de una empresa depende de la capacidad directiva del líder» y que «hasta el 70% de la gente que abandona una empresa es por su jefe (que no líder)». Por eso, considera que «es fundamental pasar de jefes con “j” a jefes con “g”, generadores de capacidad», según apuntó Cubeiro.

«Talentismo»

Cubeiro puso sobre la mesa la importancia de la transformación del liderazgo en las empresas y destacó que nos encontramos en la era del «talentismo». El consultor señaló que «un jefe no es lo mismo que un líder y que un grupo de personas no es sinónimo de equipo».

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En este sentido, el coach puso sobre la mesa el eterno debate ‘¿el líder nace o se hace?’. Una respuesta que muy pocos supieron responder y para la que no hay consenso. “Contando con las herramientas necesarias cualquier persona podría ser considerada un líder, lo que no significa que pueda llegar a ser un buen líder”, señaló Cubeiro.

Gestores de equipos

Igualmente, Cubeiro enmarcó la importancia del liderazgo en la necesidad de pasar de jefes tradicionales a «gestores de equipos» y, en este sentido, afirmó que el 90% de lo que aprendemos en términos de talento depende de los jefes. Otro de los datos que aportó en su conferencia fue que «Hasta el 44% de los resultados de las empresas depende del clima laboral».

La responsabilidad del jefe

Según Javier Tovar, el manager “puede reducir el estrés del equipo a través de un estilo de liderazgo positivo y orientado a servir a la plantilla, mostrando conductas de apoyo y eliminando las barreras y obstáculos para facilitar el trabajo en equipo. Es clave plantear al colaborador demandas claras y ajustadas a su capacidad, no excesivas ni ambiguas. Además, es importante apoyar a las personas a través de un reconocimiento adecuado del desempeño en función de aportaciones”.

(Fuente: http://www.expansion.com/2013/04/26/emprendedores-empleo/mercado-laboral/1367002980.html)

¿De verdad hay que ser un jefe antipático para ser un buen líder?

Otro de los temas que dará para muchos debates es el del liderazgo y seguramente más adelante entraremos en cuestiones como el poder formal e informal o si es mejor ser jefe o líder.

Vaya por delante que, desde mi punto de vista, no existe un único tipo de liderazgo que sea eficiente siempre y en cualquier circunstancia; dependerá de muchos factores como por ejemplo de las características personales del individuo, de las particularidades de la organización, de la estrategia competitiva elegida, de la situación socioeconómica, etc. Es decir, habrá que adecuar el modelo de liderazgo a estos factores para que realmente sea efectivo.

Recientemente me he encontrado con un artículo del diario digital Expansión que afirma que Los jefes simpáticos no son buenos líderes y explica que “Virtudes como la generosidad o la simpatía pueden ser interpretadas como signos de debilidad entre los que más mandan en la empresa. Serán considerados estupendas personas, pero pocos los escogerían como los directivos perfectos por demasiado blandos” y pone como ejemplo de ambos extremos a la Madre Teresa de Calcuta y Al Capone (por cierto me hubiera gustado, ya que hablamos de personajes históricos, saber cómo hubieran encuadrado a Mahatma Ghandi en esta clasificación)

Es cierto que no debemos nunca olvidar que el fin último de una empresa es aportar valor a sus accionistas, es decir ganar dinero y por tanto parece lógico que un buen jefe tienda a orientarse a la producción. Sin embargo, en mi opinión, en este razonamiento nos olvidamos que, como explicaron Blake y Mouton, debemos tener también en cuenta la orientación a las personas si nuestra intención es que el negocio perdure en el largo plazo.

Quizás peque de inocente, pero pienso que ser flexible o tener empatía no es óbice para ser exigente y buen líder.

Y vosotros ¿qué creéis?

¿De verdad hay que ser un jefe antipático para ser un buen líder?

José Luis Gascó es Director del Master de Dirección y Gestión de Recursos Humanos de la Universidad de Alicante.