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La Responsabilidad Social Empresarial es la responsabilidad de las empresas por su impacto en la sociedad

Integridad 16Este es el nuevo concepto con que la Unión Europea identifica la responsabilidad social corporativa de cualquier compañía, independientemente de su tamaño. Y es un concepto mucho más exigente que el vigente hasta ahora de compromiso económico, social y medioambiental de las empresas, ya que implica que las empresas deben ocuparse de todos los impactos que generen en la sociedad, independientemente del ámbito de que se trate. Y es, además, mucho más gestionable, en tanto que se ocupa de concretar en la empresa cual debe ser su orientación y compromiso prioritarios.

Porque en opinión del profesor Joaquín Garralda, decano de IE Business School y secretario de la Red Española del Pacto Mundial de Naciones Unidas, ahí está la clave del éxito sostenido de las empresas: en manifestar y cumplir el compromiso de prevenir y, en su caso, corregir de inmediato las externalidades negativas que ocasione, a la vez que potencia las externalidades positivas.

En torno a la responsabilidad social corporativa de las empresas y el impacto en la misma del comportamiento directivo, giró la conferencia coloquio ofrecida por el profesor Garralda en el marco del Foro Empresarial Síntesis, con la ponencia “Integridad y directivos”, organizada por el Círculo de Economía de la Provincia de Alicante, la Universidad de Alicante a través de su Máster en Dirección y Gestión de Empresas, y el periódico ABC en su 25 aniversario en la Comunidad Valenciana.

Partiendo de la definición de Integridad entendida como “Hacer honor a la palabra dada”, el ponente comenzaba su intervención notando que el concepto de integridad es políticamente correcto, pero no siempre es fácilmente contrastable, por lo que el profesor Garralda se preguntaba ¿hay vectores que lo transformen en un objetivo personal del directivo?, ¿qué es lo que impulsa realmente a un directivo a ser íntegro?, además, lógicamente, de la convicción personal y la práctica de una serie de valores imprescindibles.

Y llegaba a la conclusión de que existen, en efecto, cuatro vectores que impulsan hacia la integridad:Integridad 1

  • El sistema económico
  • El entorno empresarial
  • La reputación de la empresa
  • El interés del individuo

Con el siguiente análisis:

1.- El sistema económico

Vivimos en un sistema de libre mercado, capaz de asignar eficientemente los recursos para que las empresas estén en condiciones de maximizar el valor que aportan a través de la especialización, la innovación, la mejora continua; y si la empresa atiende también los intereses individuales de las personas que la integran, el éxito está más próximo.

La clave, decía, ha sido históricamente la mano invisible (el mercado no necesita control, los precios se asignan bien en mercados en competencia).

Pero la realidad apunta que cuando el interés propio de las personas se desborda, puede convertirse en avaricia que desvirtúe las reglas de la competencia.

En resumen, el libre mercado está bien, pero el regulador tiene que funcionar, ya que su ausencia expresa o tácita puede favorecer la aparición de posiciones de abuso.

2.- El entorno empresarial

En 1970 Milton Friedman afirmaba que la responsabilidad social de una empresa es incrementar sus beneficios, ganar dinero, así creará empleo, pagará impuestos y contribuirá al progreso social compartido.

En esta misma línea, 10 años más tarde Margaret Thatcher decía que recordamos al buen samaritano porque tenía dinero, además de buenas intenciones, pero no solo por sus bunas intenciones.

IMG_0326Hoy, sin embargo, la situación ha cambiado. Cada día toma más cuerpo en la sociedad –y por tanto en las empresas- el concepto de Responsabilidad Social Corporativa o Empresarial, definida en el libro verde de la Comisión de las Comunidades Europeas en 2001 de la siguiente manera:

“Una empresa es socialmente responsable cuando en la gestión de sus negocios integra de manera voluntaria no solamente criterios económicos, sino que añade otros de naturaleza medioambiental y social”

En estos momentos el concepto está evolucionando a una acepción más exigente:

“RSE es la responsabilidad de las empresas por su impacto en la sociedad”, con el objetivo de maximizar la creación de valor compartido para sus propietarios y las demás partes interesadas y la sociedad en sentido amplio; debe, por tanto, identificar, prevenir y atenuar sus posibles consecuencias adversas, y ocuparse en se elemento catalizador del progreso social.

Y esto afecta tanto a las grandes empresas como a la Pymes, cada una en su dimensión.

 

3.- La reputación de la empresa.

Aspecto fundamental en los negocios muy condicionado por la integridad de las personas que la forman. Reputación que se obtiene a partir de una trayectoria consistente de hacer las cosas, y que no se corrige con una campaña publicitaria.

En este punto, el ponente hizo especial énfasis en los que llamó Contratos Incompletos:

El contrato es un medio eficaz, en general, en la compra-venta de productos físicos; peor en muchos casos, especialmente en servicios, es más difícil que ese contrato recoja todas las situaciones posibles, de manera que muchos se acaban firmando por La Confianza, que se concreta en 16 atributos que se agrupan en cinco campos de actuación que, por orden decreciente de importancia, son:

  • Compromiso (escuchar las necesidades del cliente, tratar bien a los empleados, priorizar a los clientes por encima de los beneficios, y comunicar el estado de la empresa con frecuencia y honestidad)IMG_9036
  • Integridad (prácticas empresariales éticas, adopción de acciones responsables para abordar un problema, prácticas empresariales abiertas y transparentes)
  • Productos y Servicios (proporcionar productos y servicios de alta calidad, innovar para ofrecer productos, servicios o ideas nuevas)
  • Objetivo (trabajar para proteger y mejorar el medio ambiente, abordar las necesidades de la sociedad en su actividad cotidiana, crear programas que repercutan positivamente en la comunidad local, asociarse con ONG´s, gobiernos y terceros para abordar necesidades sociales)
  • Operaciones (la dirección superior goza de amplio reconocimiento y admiración, figura en la relación de las grandes empresas mundiales, brinda una sólida rentabilidad financiera a inversores)

La reputación facilita el progreso de las buenas noticias de la empresa y ofrece un cierto blindaje ante las malas noticias. La reputación –la buena reputación- es, pues, rentable para las empresas, y en ella, como hemos visto, una de las claves es la integridad de los directivos de cada compañía.

4.- El interés del individuo

Pero las empresas están formadas por personas y los intereses individuales pueden condicionar de manera muy importante la marcha de la compañía.

A las personas a las que se reconozca un comportamiento íntegro se le atribuirán, en cualquier circunstancia, respuestas previsibles, coherentes con sus opiniones y convicciones (que expresan con claridad) y, por tanto, susceptibles de generar confianza.

Integridad 8La integridad, por tanto, tal como se ha expuesto al principio de este resumen, es sinónimo de hacer honor a la palabra dada. Y si en este entorno en continuo cambio surgen imprevistos que impiden poder mantener la palabra, deberemos expresarlo claramente en cuanto los constatemos, procurando corregir los daños que el cambio pudiera producir.

Estos cuatro vectores (sistema económico, entorno empresarial, reputación de la empresa e interés del individuo), en las condiciones explicadas, impulsan hacia la integridad que es, sin duda, clave para el desarrollo de negocios sostenibles.

Y en esa línea tenemos que avanzar, lo que en muchas ocasiones no resulta fácil porque el beneficio es a medio/largo plazo. Pero es un camino imprescindible en el que nos queda mucho recorrido por cubrir (el ponente ilustraba este concepto con una frase de Las Mocedades del Cid –Guillén de Castro, 1618- atribuida al Conde de Orgaz : “Procure siempre acertalla el honrado y principal; pero si la acierta mal, defendella y no enmendalla”. Algunos aún están en el siglo XVII).

 

Valor y valores

Nuestra sociedad necesita, más que nunca, directivos que creen valor, pero también que tengan valores. Es clave que potenciemos nuestra capacidad de pensar, liderar e innovar, pero también que actuemos con honradez e integridad, conscientes de la relevancia de la función que desempeñamos en nuestros ámbitos de influencia. Hoy, las personas que ocupamos cargos directivos en las organizaciones tenemos la enorme responsabilidad de transmitir confianza a nuestros equipos para liderar el rumbo del cambio.

Entrevista a Pau Herrera, presidente de AED y secretario general de CEDE, en Educaweb

Valores para la salida de la crisis: caminando hacia la empresa sostenible

El Círculo de Economía de la Provincia de Alicante es una asociación empresarial sin ánimo de lucro integrada en la red  CEDE (Confederación Española de Directivos y Ejecutivos), que apoya la investigación, la innovación y la cultura emprendedora, a la vez que impulsa la adopción de las técnicas más avanzadas y eficientes de gestión empresarial entre todas las empresas y directivos de las empresas alicantinas, y específicamente entre nuestros socios.

Pretendemos consolidarnos como un foro de opinión empresarial y directiva complementario y compatible con otras asociaciones, con la finalidad de poner en valor las figuras del empresario y los directivos de empresa que son, sin duda, figuras clave en el desarrollo económico y social de nuestro entorno, en el concepto de “empresas de personas para personas”, basado en la cualificación, el compromiso, la innovación, la calidad y la ética como elementos diferenciales de nuestras empresas y sus dirigentes.

Nuestro objetivo, pues, son las personas capaces de crear y mantener esas empresas; ayudarles a encontrar las mejores herramientas y conocimientos más actualizados para la gestión; apoyarles en sus proyectos de creación o consolidación de sus empresas; y la búsqueda de sinergias entre los socios que permitan la colaboración en proyectos comunes desde la transparencia, y adoptando actitudes que persigan el crecimiento conjunto.

Y para ello contamos como argumento diferencial con nuestra integración en CEDE, que en la actualidad agrupa a 43 entidades y más de 140.000 directivos de todos los sectores, lo que sin duda le otorga la mayor representatividad en un colectivo, el de los directivos y ejecutivos, fundamental para el progreso de nuestras empresas y, por tanto, clave en el progreso social, a la vez que conformamos un grupo de opinión con capacidad de influencia en los temas más trascendentes en relación con las empresas.

En tanto que presidente del Círculo de Economía de la Provincia de Alicante, tengo el honor de pertenecer a la Junta Directiva de CEDE, presidida en estos momentos por Isidro Fainé, presidente a su vez de Caixabank, lo que nos permite, entre otras cosas, estar en excelentes condiciones para trasladar a nuestros directivos las mejores prácticas de gestión a nivel nacional que se puedan estar desarrollando en cualquier parte de nuestro país.

En el Círculo tenemos directivos y empresarios de prácticamente todos los sectores, y aunque la crisis afecta a todos los ámbitos de las relaciones sociales y económicas, lo cierto es que su impacto no ha sido exactamente homogéneo ni, en consecuencia, la respuesta ha sido la misma, con algunas pautas comunes como el adelgazamiento, en general, de una parte importante de nuestro tejido industrial para adaptar estructuras y capacidades a las nuevas posibilidades del mercado, una mayor focalización en los costes, y un esfuerzo evidente por internacionalizar nuestra actividad, acorde con las exigencias de un mundo y un mercado global.

Creo que tras unos años de una cierta confusión motivada por un crecimiento que parecía imparable y por una cierta confusión en los valores que son el pilar no solo de las empresas sino del modelo mismo de sociedad, estamos volviendo a poner los pies en el suelo y los directivos hemos tomado plena conciencia de la situación y sabemos cómo abordarla en nuestras empresas. Volver a construir sobre valores sólidos y compartidos, y no sobre cimientos de barro, es el camino correcto.

Y es que aunque con la globalización, la internacionalización de la economía y la emergencia y rápida difusión de las tecnologías de la información y las comunicaciones básicamente asociadas a internet, el cambio forma ya parte inseparable de nuestras vidas, en el fondo los valores esenciales sobre los que construimos las sociedad y sobre los que se asientan las empresas no cambian: confianza, prudencia, integridad, respeto a los demás, cualificación, seguridad, solvencia, equipo, compromiso, corresponsabilidad real en el desarrollo económico, social y medioambiental … son y serán básicos para el progreso sostenido.

Durante el  año 2013, hemos continuado desarrollando actividades (conferencias, talleres, jornadas técnicas, espacios para networking, …) tendentes a mantener actualizada la cualificación y la información de nuestros socios sobre la realidad del entorno y en las técnicas de gestión más avanzadas, para facilitar el tránsito de sus empresas en un escenario complejo.

En paralelo, hemos trabajado con los futuros directivos de nuestras empresas mediante el convenio de colaboración que mantenemos con la Universidad de Alicante, en la transferencia de conocimiento tanto académico como empresarial a los alumnos de últimos cursos y postgrado en disciplinas relacionadas con la gestión y dirección de empresas.

La extensión de nuestra actividad así como de las opiniones de nuestros colaboradores a través de los blogs del Círculo (133 artículos publicados por 15 editores activos) y en los medios de comunicación, ha constituido otra línea de extensión de nuestras propuestas al entorno social y empresarial de la provincia de Alicante.

Todo ello para el desarrollo de un tejido empresarial que será mucho más especializado, con cada empresa focalizada en la parte de la cadena de valor del proceso en la que sea más eficiente, en la que pueda alcanzar ventajas competitivas, mucho más abierto a colaborar con otras organizaciones con el objetivo de avanzar juntos a través de la cooperación; innovador y, por supuesto, mucho más internacionalizado que nuestras empresas actuales.

Y en cuanto a los empleados, el contexto exige que sean muy cualificados, activos, comprometidos con la empresa durante su periodo de vinculación a la misma, con mentalidad global, con disposición para moverse por todo el ámbito de operaciones de la compañía, convencidos de que su valor es su actualización permanente y un tema muy importante, con idiomas, que el mundo va mucho más allá de nuestras fronteras nacionales, las empresas también tienen que ir, y los empleados tienen, al menos, que seguirlas.

El mundo está en manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y correr el riesgo de vivir sus sueños

Con esta frase de del escritor brasileño Paulo Coelho terminaba su exposición Guzmán Martínez, director de RRHH del centro en Elche de Leroy Merlín, en la jornada sobre “RRHH: Retos en la empresa alicantina. Valor y valores” organizada por AEDIPE en el CEU Universidad Cardenal Herrera, en Elche, con la colaboración del Círculo de Economía de la Provincia de Alicante, la Asociación de la Empresa Familiar y Fundesem, y con la participación en las ponencias de Leroy Merlín y Clave Informática (en la actualidad Clavei, según explicaría su director Vicente Ballester).

Inauguraron la sesión César Casimiro por el CEU; Rubén Montesinos, coordinador de AEDIPE Alicante; Marcela Fernández, coordinadora de RRHH del Ayto. Elche; y Javier Fur, presidente del Círculo de Economía de la Provincia de Alicante, que presentaron las jornadas, a los ponentes y los planteamientos de sus empresas o asociaciones respectivas sobre la gestión de personas en las empresas públicas y privadas (que en opinión de Marcela Fernández, no debería diferir mucho: retener el talento, catar a los mejores, reconocimiento, compromiso, … son algunas de las claves de gestión que deberían seguirse tanto en las empresas privadas como en las públicas, y esto depende en gran medida de los directivos. Marcela terminaba diciendo “la excelencia de los líderes se mide en su capacidad para transformar los problemas en oportunidades”. Palabras que fueron compartidas por los demás miembros de la mesa, completadas con reflexiones adicionales, como la importancia del equipo, como destacaba el presidente del Círculo: “Las grandes ideas son capaces de poner en marcha una empresa de éxito, pero solo las personas pueden hacer ese éxito sostenible en el tiempo”, decía al final de su intervención, que hemos subido al blog del Círculo).

Tras la apertura, comenzaron las intervenciones de los dos ponentes previstos. En primer lugar, Guzmán Martínez, de Leroy Merlin, que centró su intervención en las nuevas tendencias en la dirección de empresas, que ha pasado de la dirección por Instrucciones a la dirección por Objetivos para, sin olvidar la anterior, a la que ya debería estar extendiéndose por todas las empresas, la dirección por Valores, cuya velocidad de implantación es menor de lo que sería deseable fundamentalmente por la crisis en la que aún estamos inmersos, que focaliza muchas veces la actividad de la dirección en el corto plazo, recuperando la que parecía superada dirección por instrucciones.

Y es que, decía Guzmán, los valores son principios que permiten orientar nuestro comportamiento en el fin de realizarnos como personas; son el motor, los cimientos que fijan y orientan nuestra actuación en el día a día, también en la empresa: valores económicos, emocionales, éticos … y como eje central en la empresa, como meta-valor, la Confianza, dando cohesión a la visión y misión de la empresa, alineándolas con las prácticas diarias de la organización, de manera que la dirección por valores introduce la dimensión humana en la dirección por objetivos.

Una empresa, explicaba Guzmán, que administra bien sus valores no tiene más que un jefe: los valores de la compañía.

A continuación, el director de Clavei Vicente Ballester, iniciaba su intervención recordando a Quino (Mafalda): “Cuando sabía todas las respuestas, me cambiaron todas las preguntas”, y es que esa es la situación en que nos encontramos hoy – y nos encontraremos en el futuro-: el mundo VUCA (it´s a volatile, uncertain, complex and ambiguous world), o lo que es lo mismo, vivimos en un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo, lo que impacta directamente en las empresas.

Esta es nuestra realidad y nuestra oportunidad si somos capaces de adaptarnos, de adoptar las necesarias competencias transversales para manejarnos en este mundo VUCA.

Y en estas condiciones, ¿qué esperamos las empresas de las personas? Se preguntaba Vicente, y respondía recordando el libro “Ética Hacker” de Pekka Himanen:

–          Pasión por el trabajo: motivación intrínseca, disfrutar del logro y compartirlo.

–          Autonomía: libertad + responsabilidad, orientación al resultado, no a la tarea. En el futuro próximo, decía Vicente, en algunos sectores será difícil identificar el centro de trabajo (“efecto Martini”: las personas trabajarán “en cualquier lugar, en cualquier momento, en cualquier compañía”).

–          Creatividad: antesala de la innovación, la única forma de convivir con el nuevo entorno.

–          Cooperación (coopetencia): colaborar para competir; auge de la meritocracia.

Para terminar, el director de Clavei hacía una reflexión sobre la labor del directivo en su función de gestor de personas, preguntándose ¿qué espera mi equipo de mí?, a lo que respondía: ilusión, que disfrute con mi trabajo y lo transmita, pasión, honestidad, coherencia, tolerancia, integridad, ejemplo, compartir, empatía, decisión, coraje; factores clave en su opinión para gestionar con éxito en el entorno VUCA en el que vivimos y viviremos en el futuro.

La jornada terminaba con una mesa redonda moderada por Fernando Coloma, de AvanzaRRHH, e integrada por los dos ponentes a los que se unieron Reyes Herce, de Fundesem, y Javier Fur, presidente del Círculo de Economía de la Provincia de Alicante, que analizaron la evolución en el tiempo de la función de gestión de RRHH en la empresa, desde una visión inicial puramente administrativa (administración de personal) a una orientación de control de costes (las personas como costes a minimizar), focalización en la productividad y la eficiencia, a una orientación centrada en mejorar los ingresos de las compañías, que en las pequeñas y medianas empresas familiares se corresponde con una etapa inicial caracterizada por una gestión de RRHH paternalista a una orientación actual mucho más profesionalizada y centrada en facilitar la adaptación de las personas –y con ellas, la de las empresas- al entorno cambiante ya descrito.

Hoy RRHH debe consolidarse como un socio capaz de aportar valor tangible a la empresa, midiendo aspectos tradicionalmente considerados intangibles e inmedibles, lo que no ha contribuido a la elevar la consideración de la dirección de Recursos Humanos en las compañías.

Diez cualidades del líder

  • Compromiso personal con la organización y con el equipo
  • Carácter e integridad sin fisuras
  • Capacidad para afrontar la adversidad de forma serena
  • Voluntad palpable de estar al servicio del equipo
  • Interés genuino por las personas
  • Compromiso con el éxito de los colaboradores antes que con el propio
  • Capacidad para admitir los errores propios y absorber los del equipo
  • Dar ejemplo continuamente
  • Capacidad para tomar decisiones poco “populares”
  • Coherencia entre las palabras y los hechos.

(Carmen Ojeda, en el blog del Círculo: http://164.138.209.7/~circuloe/blog/ganarse-el-derecho-a-liderar/)

 

Ganarse el derecho a liderar

Me atrevería a afirmar que el ser humano es el único animal social que, muchas veces, se ve ocupando posiciones de liderazgo sin tener las aptitudes necesarias para ello. Veamos por qué digo esto.

Es sabido que entre el resto de animales sociales, el liderazgo lo ocupa el miembro más sabio, el más capaz de mantener al grupo unido y vivo y el que además, normalmente se lo ha ganado en ardua pelea con sus congéneres.

Por poner algunos ejemplos, entre los caballos, animales tremendamente sociales que viven en manadas cuando están en libertad, el liderazgo lo ostenta la yegua más vieja y sabia. Es a quien sigue voluntariamente toda la manada en busca de pastos, agua o refugio. Entre los simios, más próximos a nosotros, el liderazgo corresponde al macho alfa, que es quien a lo largo de su desarrollo como joven aspirante, va demostrando al resto del grupo dotes de ecuanimidad, iniciativa e interés por el bienestar de los demás. Llegado el momento, deberá pelear con el líder  y ganar, para poder convertirse a su vez en líder.

Entre los humanos esto no es así siempre. Muchos líderes acceden a sus puestos en base a criterios que nada tienen que ver con su capacidad para dirigir a otras personas. Lo digo por experiencia. A lo largo de mis más de 20 años de trabajo en la empresa privada, he tenido jefes que no tenían las competencias para serlo, he sido yo misma responsable de equipos sin tener lo que hacía falta y he escuchado a infinidad de compañeros contarme sus cuitas y agravios con sus respectivos líderes, como supongo que otros escuchaban a mis colaboradores quejarse de mí. También he vivido lo contrario: jefes que me han inspirado increíblemente y a los que hubiera seguido al fin del mundo y también yo, en ocasiones, supe hacerlo con alguno de mis equipos. A todos nos ha pasado, ¿verdad? Saben ustedes de lo que hablo.

Hablamos mucho de técnicas de motivación de equipos, métodos para aumentar el compromiso de las personas con la empresa, pero la cuestión es que nadie puede motivar y movilizar el compromiso de un equipo si no se ha ganado el derecho a liderarlo. ¿Significa esto que, como los simios, uno debe enzarzarse en una pelea con sus competidores para obtener el puesto, dando gritos y golpeándose el pecho? Obviamente no.

Pero lo que está claro, es que no basta con ser competente desde el punto de vista técnico, ni haber conseguido “buenos números”. Como mínimo uno tiene que demostrar diariamente las siguientes diez cualidades:

  • Compromiso personal con la organización y con el equipo
  • Carácter e integridad sin fisuras
  • Capacidad para afrontar la adversidad de forma serena
  • Voluntad palpable de estar al servicio del equipo
  • Interés genuino por las personas
  • Compromiso con el éxito de los colaboradores antes que con el propio
  • Capacidad para admitir los errores propios y absorber los del equipo
  • Dar ejemplo continuamente
  • Capacidad para tomar decisiones poco “populares”
  • Coherencia entre las palabras y los hechos.

Solo entonces, uno empezará a resultar creíble como líder. La credibilidad es la base de la confianza y sin ella es difícil que el equipo pueda confiar.  Solo entonces, como en el resto de especies sociables, el equipo querrá aceptar a ese líder y seguirlo. Solo entonces se lo habrá ganado.

LA INTEGRIDAD DEL DIRECTIVO

La sostenibilidad de las empresas depende de la integridad de sus directivos, es la conclusión del trabajo editado por la Fundación CEDE bajo el título “Integridad del Directivo. Argumentos, reflexiones y dilemas”, que pone en valor la integridad en el desarrollo de la función directiva en aras a conseguir transparencia, confianza y seguridad en las transacciones comerciales, elementos imprescindibles para una evolución correcta del progreso económico y social.

Y es que la integridad (cumplir la palabra dada desde una base ética) comporta seguridad en las respuestas generando, por tanto, confianza en las relaciones sociales y en las comerciales, imprescindible en un mundo cambiante en que la incertidumbre es la situación normal en que nos movemos.

Como apunta Santiago Iñíguez, presidente de IE University en el documento reseñado, si las personas son íntegras en sus comportamientos y las Organizaciones transparentes, el resultado es una buena reputación que genera una confianza positiva en los agentes con los que se relacionan y, por ende, unos resultados económicos sostenibles. Porque ser transparente, indica Jesús Lizano, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, resulta rentable, tanto económica como socialmente. Y en la misma línea, el profesor Michael Jensen explica que la integridad se ha convertido en un factor de producción de primer orden, tan importante al menos como el talento o la tecnología.

En definitiva –concluye el documento- incluir unos criterios de integridad en el diseño de una organización, complementada con unos directivos que perciban que la  integridad es buena para su carrera profesional, hace altamente probable que la empresa desarrolle todo su potencial a largo plazo. La consecuencia es una buena reputación, lo que en el entorno económico actual genera un gran valor para la empresa y para el individuo. En este entorno, el eco de la palabra actúa como un amplificador de las capacidades de la empresa.

(El documento original de la Fundación CEDE está disponible en formato electrónico en www.directivoscede.com, y también lo hemos subido a la pestaña Biblioteca de nuestra web: www.164.138.209.7/~circuloe)

Cómo aplicar la ética en los negocios.

De acuerdo con Joaquín Garralda, profesor del Instituto de Empresa, aunque sea un asunto de especial relevancia en épocas de crisis, la preocupación por los comportamientos éticos de las personas y las empresas es un tema es un tema intrínseco con el buen funcionamiento del mercado. La integridad del directivo, la ética en los comportamientos, genera una confianza que es necesaria para el desarrollo de las transacciones comerciales y de las relaciones profesionales. Confianza que ni los contratos escritos, por muy detallados que sean, pueden sustituir completamente.

Eugenia Bieto, Directora General de Esade, afirma en el documento CEDE La integridad del directivo que “en la función directiva se nos reconoce la integridad cuando actuamos sin división ni doblez (transparencia), cuando intentamos ser auténticos (honestidad) y coherentes con nuestros principios (coherencia). Sin ambigüedad, sin inconsistencia, con congruencia entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos.”

La integridad tiene que ver con la coherencia entre creencia, comunicación y actuación éticas, generando confianza y buscando siempre el progreso conjunto empresa-sociedad. En función de cuán íntegros seamos, más predecibles serán nuestros comportamientos para nuestros grupos de interés (clientes, accionistas, empleados, proveedores, sociedad, …) y esto nos hará ganarnos su confianza. Sin integridad no hay confianza, y si no la hay las relaciones profesionales languidecen, y la empresa no tiene claros visos de continuidad.

La responsabilidad del directivo se extiende no sólo a aquellos grupos de interés sobre los que tiene influencia directa, sino también a  aquellos agentes e instituciones con los que negocia, de los que se provee, a quienes contrata o a quienes siguen su actuación, a los que debe exigir reciprocidad.

Entre los múltiples indicadores con que se valora la gestión directiva, la gran mayoría de ellos financieros, echamos en falta, en general, contar con los que nos ayuden a medir cómo estamos gestionando la ética y la reputación en nuestro negocio. Frente a los indicadores tradicionales de volumen, margen y ventas, por citar algunos, tan asentados y  fáciles de interpretar, el terreno ético es intangible, no existen indicadores claros y sólo se aprecian los resultados en el medio y largo plazo, frente a la inmediatez de los indicadores tradicionales.

Y sin embargo, la visión de corto plazo de determinados bonus de directivos vinculados a los indicadores financieros, ha sido el polvo que nos ha traído en muchas ocasiones el lodo en forma de crisis, promoviendo malas prácticas que se justificaban y perpetuaban por estar basados en la consecución de objetivos, en el crecimiento rápido y poco planificado. Los escándalos empresariales que hemos visto a lo largo de la historia reciente son reflejo de esta falta de políticas de integridad, o de incumplimiento sistemático de códigos éticos o de conducta.

Por el contrario, un modelo de empresa basado en la construcción de un proyecto a medio y largo plazo, en el control de costes y la inversión selectiva, y en la construcción de relaciones sólidas y éticas con el cliente, con el empleado y con todos los grupos de interés, resulta, además de una fuente sostenible de beneficios, la mejor defensa ante las crisis, que seguirán ocurriendo.

Con frecuencia un negocio éticamente deficiente, es un mal negocio desde el punto de vista económico, solo sostenible en el muy corto plazo pero con muy pocas posibilidades de sobrevivir en el medio y largo.