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La empresa, un proyecto siempre en fase de construcción.

Así terminaba mi último post: la empresa, un proyecto siempre en fase de construcción.

Y es que esa es mi convicción.

La complacencia con una determinada situación, como la depresión en caso contrario, son elementos que conducen a la empresa al fracaso.

La gestión empresarial exige una cierta tensión, un cierto riesgo. El éxito sostenido está necesariamente relacionado con entender y atender siempre las necesidades y expectativas de nuestro público objetivo que son, por definición, cambiantes, tanto en función de nuestra actuación como la de nuestros competidores, las empresas capaces de ofrecer productos alternativos o el desarrollo propio de los clientes.

Creer que ya hemos alcanzado nuestra meta y a partir de entonces repetir sin innovar es una garantía de fracaso. Como lo es –este más evidente- creer que ya lo hemos intentado todo y no hemos alcanzado el objetivo pretendido.

Inculcar en la empresa la mentalidad emprendedora, el “virus” de la innovación, la anticipación, el inconformismo, la mejora continua, la capacidad de sobreponerse al fracaso, … es la posición, en mi opinión, más adecuada, especialmente en tiempos de cambio como los que ahora tenemos –y que estoy convencido que se mantendrán en el futuro (“el cambio es lo único que permanecerá en el tiempo”)- para facilitar la permanencia de la empresa.

Por eso el título de este post: “la empresa, un proyecto siempre en fase de construcción”.

Recompensa la creatividad

Resulta decisivo conseguir un entorno en el que se acepta el pensamiento diferente, en el que no hay una única respuesta correcta y se establecen vías de integración de esa forma de pensar para crear ese caldo de cultivo. Lo primero es favorecer el entorno que celebre los éxitos pero que no penalice el fracaso, porque este es una oportunidad de aprendizaje.

(Fuente: http://www.expansion.com/2013/05/02/emprendedores-empleo/emprendimiento/1367515940.html)

¿Quien se anima a emprender?

Un tema recurrente al que aludimos con frecuencia, como no podía ser de otra forma en estos momentos, es el de la situación económica y social en la que nos encontramos, es decir, la famosa “crisis” que nos azota despiadadamente y que no sabemos muy bien cómo atajar.

Al principio, de una manera un tanto autocomplaciente, nos decíamos que no iba a durar mucho, que en un “par de años” volveríamos a la senda de la recuperación, que era un “bache pasajero”… pero la realidad nos ha demostrado que no ha sido así y hoy por hoy parece que ni siquiera quien se supone que debe guiar este proceso tiene muy claro cómo hacerlo.

Hay quien opina que para dejar atrás este escenario no necesitamos ayuda externa, que depende de nosotros cambiar nuestra percepción hacia el empresariado y el emprendedurismo, pues serán los autónomos, las cooperativas y  las pymes

los motores del empleo que tanto necesitamos.

Desafortunadamente cabría matizar que nuestro país se caracteriza por un alto nivel de aversión al riesgo. Como muestra un botón: para un tercio de nuestros estudiantes su máxima aspiración es llegar a

ser funcionario.

Igualmente, mientras que en Estados Unidos un 70% de ellos quiere ser emprendedor, en España este porcentaje cae hasta un casi anecdótico 8%.

Entre otras causas podríamos apuntar al miedo al fracaso instaurado en nuestra cultura, las diversas trabas que se encuentran los emprendedores para crear empresas, mantenerlas y consolidarlas, así como el poco apoyo que reciben tanto de la sociedad como de las administraciones.

Mientras en otros países se aplaude a aquellos que intentan emprender aunque fracasen, en el nuestro si ocurre ésto, si fracasas, dificilmente conseguiras una segunda oportunidad, pues es fácil que quedes estigmatizado.

Sin embargo hay muchos casos de éxito que nos demuestran que con una buena idea, esfuerzo y constancia se puede llegar lejos.

José Luis Gascó es Director del Master de Dirección y Gestión de Recursos Humanos de la Universidad de Alicante.

¿Sabemos equivocarnos?

Es cierto que no existe una segunda oportunidad para dar una buena impresión, pero en mi opinión también debemos tener en cuenta y sobre todo a nivel empresarial, que si no has podido hacerlo bien la primera vez, hazlo mejor la segunda. Por el simple hecho de equivocarnos o perder una oportunidad, no tenemos porqué estar irremediablemente abocados al fracaso.

El error es consustancial a la toma de decisiones, quien no se equivoca nunca es porque muy probablemente no toma decisiones o las que toma son muy poco arriesgadas, pues incluso los mejores se equivocan y piden perdón.

Se nos suele llenar la boca al hablar de innovación, creatividad, proactividad,…, pero para que todos estos conceptos sean algo más que palabras deberemos empezar por crear una cultura donde el error no se castigue per se, sino que se aprenda de los fallos.

Sin embargo, parece que en nuestra sociedad, lo más habitual suele ser lo contrario, enseguida tendemos a emprender la búsqueda de culpables y castigos al tiempo que intentamos desesperadamente esconder nuestra responsabilidad si la tenemos, en vez de buscar primero una solución al problema y vías o sistemas para evitarlo en el futuro después. Un excelente ejercicio de análisis y sinceridad es el que protagonizó Hugo Pardo Kuklinski al publicar abiertamente las causas de su fracaso empresarial.

Desde mi punto de vista, una buena gestión de los errores puede ser una fuente de ventajas competitivas que nos diferencie de la competencia y nos abra las puertas de la mejora. Por ejemplo Thomas Alva Edison lejos de decir que se equivocó 999 veces antes de dar con el invento, afirmaba que ya sabía cómo no fabricar una bombilla de 999 formas.

José Luis Gascó es Director del Master de Dirección y Gestión de Recursos Humanos de la Universidad de Alicante.

La piedra y el emprendedor

La vida es un trayecto lleno de obstáculos y“piedras” que dificultan nuestro andar… ¿o no?

Cada problema, cada fracaso, cada perdida y cada dificultad solo son “piedras” con que tropezamos en el camino, y vaya que la vida está llena de ellas. El truco no está en buscar el camino despejado y evitar “las piedras”, sino en aprovechar cada piedra a nuestro favor.

Una vez había una piedra en un camino…

 

  • El distraído tropezó con ella
  • El violento la utilizó como proyectil
  • El campesino cansado, la utilizó de asiento
  • Para los niños, fué un juguete
  • David la utilizó para matar a Goliat
  • Drummond la poetizó
  • Miguel Ángel la convirtió en una bella escultura
  • Y el emprendedor construyó con ella…

En todos estos casos, la diferencia no estuvo en la piedra sino en las personas.

No existe “piedra” en tú camino que no puedas aprovechar para tú propio crecimiento.

¿Y tú qué vas a hacer con las piedras que se encuentran en tu camino?

(Fuente: http://www.negociosyemprendimiento.org/2012/07/la-piedra-y-el-emprendedor.html)