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La diferencia entre estar en la media o sobresalir

¿Qué ocurriría si cambiando una sola cosa pudieras tener más éxito? ¿La cambiarías? Por supuesto que sí.

La diferencia entre la gente que se queda en la media y la gente que sobresale es su percepción del fracaso y la respuesta que tienen ante él. Esto impacta en cada aspecto de sus vidas. El fracaso no es un hecho aislado. Es un proceso que empieza mucho antes de que ocurra.

A muchas personas las da tanto miedo fracasar que tiran la toalla antes de intentarlo siquiera. Tienden a focalizarse solo en determinados hechos y en base a eso calificarse a sí mismos como fracasados. En lugar de eso, es necesario observar esos hechos en un contexto más amplio.

John Maxwell, el prolífico autor sobre liderazgo, en su libro El lado positivo del fracaso: cómo convertir los errores en puentes hacia el éxito, nos explica 7 aspectos del fracaso:

  • El fracaso NO se puede evitar: los humanos somos susceptibles de fracasar tarde o temprano porque, como animales curiosos que somos, está en nuestra naturaleza explorar y descubrir mundos nuevos. Y el que se arriesga a explorar, se arriesga a fracasar.
  • El fracaso NO es un hecho sino un proceso: el éxito no es un destino al que se llega, sino es el viaje en sí mismo que se hace día a día. El éxito es un proceso y por tanto también lo es su otra cara, el fracaso.
  • El fracaso NO es un hecho objetivo: tú eres la única persona que puede calificar tus propias acciones como fracaso.
  • El fracaso No es el enemigo: se necesita la adversidad para lograr el éxito. Considera el fracaso como un fertilizante.
  • El fracaso NO es irreversible: como dice el refrán “no hay mal que por bien no venga”. Muchas veces, ante una situación adversa, nos damos cuenta de que hay una circunstancia que nos había pasado desapercibida que hace que la situación se torne favorable, o al menos aceptable.
  • El fracaso NO es un estigma: fracasar en las cosas que intentamos son solo pruebas de que estamos buscando nuevos caminos de mejora. Utiliza cada fracaso como un paso más hacia el éxito.
  • El fracaso NO es el final: se trata solo de un peaje que hay que pagar en el camino hacia el éxito y si integramos estas definiciones del fracaso, entonces podremos avanzar.

 Thomas Edison, el inventor de la bombilla y fundador de General Electric, ante la pregunta de un periodista que le recordó que había fracasado en mil intentos antes de conseguir un filamento estable, respondió:

“No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo NO hacer una bombilla”

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Fracasa rápido

No hay éxito sin fracaso. Y esto es tan así que ya es bien conocido que, en los albores del mercado de la industria informática, los directivos más valorados eran aquellos que provenían de empresas fracasadas pues, en un mundo sin reglas de juego todavía conocidas, saber lo que no se debía volver a hacer ya era toda una garantía de éxito.
En definitiva, si admitimos que en la mayoría de las ocasiones para tener éxito hay que fracasar primero, lo que convendrá entonces es minimizar el tiempo que nos lleven los fracasos. En un mundo en donde el tiempo es el valor más codiciado, la eficiencia en el éxito requiere también abaratar los fracasos por lo que y sin más esperar… ¡Fracasa rápido!

(Fuente: http://www.rhmedia.es/opinion/articulo_de_antonio_j_alonso_fracasa_rapido-id0893.html)

¿Vagón o locomotora?

Todos tenemos claro que la locomotora empuja y el vagón siempre va a remolque. Si esta idea la llevamos a la gestión de personas veremos que, sin duda, es una realidad que nos encontramos cada día en las empresas.

A través de la formulación de esta pregunta dimos lugar a puntos de vista variados sobre la idea en nuestro grupo de Facebook “Talento y corazón”. Lo cierto es que el perfil de trabajador del siglo XXI exige una orientación en las competencias que aportan y suman frente a otros profesionales que muchas veces están presentes y viven lo que denominamos el “despido interior”.

Por esto, cada día es más frecuente oír una palabra al alza que es la de intraemprendedor. Este término se acuña para denominar a la persona que integra algunas competencias básicas como son: iniciativa y pro actividad, automotivación, creatividad, capacidad de comunicación y resistencia a la adversidad. Este profesional trabaja para una empresa y forma parte de la misma, pero va más allá, convirtiéndose en un emprendedor dentro de la empresa.
Este término no es un concepto nuevo, en todas las empresas hay trabajadores que destacan por ser altamente creativos y siempre dispuestos a asumir nuevos retos y desarrollar nuevas ideas.
Son cada vez más empresas, sobre todo grandes compañías pero cada vez más PYMES, las que están asumiendo el reto de potenciar a sus intraemprendedores.

Hasta aquí todo perfecto.

Pero en toda relación deben aportar dos partes y, en la Empresa, se debe trabajar sobre una cultura que fomente este tipo de trabajadores.

Entonces, ¿cómo podemos fomentar desde la empresa esta cultura para que los miembros del equipo emprendan internamente?

Aquí te dejo algunas de las claves que pienso son de gran aplicabilidad:

1. Potenciar y fomentar las competencias y habilidades de los trabajadores para desarrollar proyectos internos de la organización.

2. Hacer sentir parte del proyecto al trabajador, delegando y confiándole proyectos que pueda sentir como propios.

3. Dar la máxima autonomía posible en la toma de decisiones y en la gestión de los recursos a disposición del trabajador, para evitar limitar sus movimientos con demasiado control.

4. Formar a los empleados que destaquen como intraemprendedores para potenciar y mejorar sus habilidades y conocimientos con una metodología docente que asegure su aplicación en el puesto de trabajo.

5. Premiar las iniciativas demostrando la importancia que se da en la empresa a las nuevas ideas y apoyar económicamente aquellas que puedan ser desarrolladas en beneficio de la empresa.

6. Aceptar el fracaso como parte del proceso de creación e innovación en las organizaciones.

7. Cambio en el modelo de negocio. Para triunfar primero hay que enfrentarse al fracaso, no debemos tener miedo a apostar por nuevos proyectos si estos nos van a servir para crecer y mejorar nuestro negocio.

Si no facilitamos ninguno de los 7 puntos anteriores ni estamos dispuestos a llevar a cabo cambios, será difícil que en nuestra organización proliferen las locomotoras y, sin embargo, lo normal será que predominen los vagones.

¿Qué tipo de profesionales queremos tener?

José Antonio Carrión López, Director del Máster en Desarrollo para Directivos y Emprendedores de la UA.

La empresa, un proyecto siempre en fase de construcción.

Así terminaba mi último post: la empresa, un proyecto siempre en fase de construcción.

Y es que esa es mi convicción.

La complacencia con una determinada situación, como la depresión en caso contrario, son elementos que conducen a la empresa al fracaso.

La gestión empresarial exige una cierta tensión, un cierto riesgo. El éxito sostenido está necesariamente relacionado con entender y atender siempre las necesidades y expectativas de nuestro público objetivo que son, por definición, cambiantes, tanto en función de nuestra actuación como la de nuestros competidores, las empresas capaces de ofrecer productos alternativos o el desarrollo propio de los clientes.

Creer que ya hemos alcanzado nuestra meta y a partir de entonces repetir sin innovar es una garantía de fracaso. Como lo es –este más evidente- creer que ya lo hemos intentado todo y no hemos alcanzado el objetivo pretendido.

Inculcar en la empresa la mentalidad emprendedora, el “virus” de la innovación, la anticipación, el inconformismo, la mejora continua, la capacidad de sobreponerse al fracaso, … es la posición, en mi opinión, más adecuada, especialmente en tiempos de cambio como los que ahora tenemos –y que estoy convencido que se mantendrán en el futuro (“el cambio es lo único que permanecerá en el tiempo”)- para facilitar la permanencia de la empresa.

Por eso el título de este post: “la empresa, un proyecto siempre en fase de construcción”.