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Los analfabetos del siglo XXI no serán los que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.

Con esta cita de Alvin Toffler terminaba Lorenzo Castejón el taller sobre “Gestión y Estrategia Militar en la Empresa”, organizado por el Círculo con el apoyo de la Cátedra Prosegur de la Universidad de Alicante, el Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales de Alicante (COITIA) y la Plataforma Unidos 8 de Marzo, y desarrollado el día 21.01.2014 en COITIA.

Este es uno de los “secretos” que han facilitado la pervivencia a lo largo del tiempo de una institución tan antigua y tan arraigada en el mundo como la institución militar que, con un soporte común, ha sabido adaptarse tanto a la evolución global de la sociedad, como a las características específicas de cada entorno, de cada país, y con errores lógicos imputables a personas como en cualquier otra organización humana –que han podido empañar alguna etapa-, ha conseguido mantenerse como una institución de referencia en la sociedad a lo largo de la historia.

Mostrar como la experiencia militar en la gestión, el desarrollo y la aplicación de la estrategia puede resultar útil para las empresas, constituye el objetivo de este taller que ha contado con una importante participación de empresarios y directivos de empresas alicantinas.

Empresa y ejército son organizaciones similares, o mejor deberíamos decir que el ejército desde este punto de vista no es sino una organización especial que comparte con las empresas los conceptos de identificación y búsqueda de objetivos a través de una gestión eficiente de las personas, los recursos y los procesos, conjugando los diferentes medios disponibles para orientarlos y conducirlos hacia los mejores resultados.

La consistencia de la formación militar, la trayectoria consolidada a lo largo de tantos años y su experiencia en la dirección de personas y gestión eficiente de los recursos para alcanzar los resultados pretendidos puede, por tanto, ayudar a la solución de problemas empresariales, facilitando el reposo en la toma de decisiones tan importante en tiempos de cambio como los que vivimos, la cada día más importante gestión de equipos, o el liderazgo como claves para el éxito de la gestión.

Y aún con la solidez de una estructura forjada a lo largo de muchos años (estamos ante la institución probablemente más antigua de la humanidad), el ejército ha sabido evolucionar y adaptarse a los tiempos sobre la base de una formación de amplio espectro con énfasis creciente en la importancia de las personas; en la cooperación; en la organización y dirección eficiente de personas, recursos y procesos; además, lógicamente, de en los temas específicos de la actividad y la vida militar. Elementos como el orgullo de pertenencia, el equipo, el reconocimiento de las aportaciones del grupo y de la persona, o la estrategia han estado siempre integrados en la vida militar, y son elementos fundamentales también en la de las empresas.

El origen de la palabra estrategia es militar: el arte de la guerra, y “la guerra pertenece a la esfera de la competencia empresarial, que es también un conflicto de intereses y actividades humanas”, como apuntaba ya a principios del siglo XIX Carl von Clausewitz militar prusiano y uno de los más influyentes historiadores y teóricos de la ciencia militar moderna. Las empresas están en permanente guerra comercial, de precios, de patentes, de investigación, de ideas, …, lo que exige estrategia (visión global, largo plazo), táctica (combate, corto plazo), compromiso (valores positivos, cualificación, orgullo de pertenencia) y trabajo en equipo.

Estos valores, desarrollados ampliamente en el ejército, suponen una aportación importante para la solución de problemas gerenciales también en las empresas y así lo reconoce de manera expresa el modelo anglosajón, que valora de manera muy positiva la experiencia militar para asumir posteriores responsabilidades de gestión tanto en la función pública como en la privada (Eisenhower, Kennedy, Bush o el general Powell son algunos ejemplos de traslado directo de esa experiencia militar a la sociedad civil), hasta el punto de que un 8,5% de los ejecutivos de las empresas norteamericanas proceden del ejército profesional, aportando

– capacidad de trabajo en equipo (responsabilidad, credibilidad, ejemplo personal, profesionalidad, disciplina, compañerismo, búsqueda del bien común)

– capacidad de organización, planificación y utilización eficaz de recursos

– capacidad de comunicación

– definición de objetivos y motivación al equipo

– alto sentido de la ética

– serenidad ante problemas complejos y adversos.

Existen diferencias, obviamente, con la sociedad civil, pero son mucho menores de lo que pudiera parecer: existen órdenes y está muy arraigado el deber de obediencia en el marco de la legalidad, pero en ese marco existe gran libertad de acción para alcanzar el objetivo fijado. Objetivo, además, que se va desglosando en subobjetivos, de manera que cada unidad y cada persona tiene claros los suyos y los presupuestos y recursos con que cuenta para alcanzarlos, de tal forma que la capacidad de un ejército se mide por su operatividad, es decir la rapidez con que identifica los problemas (es fundamental identificar, discriminar y acceder a la información correcta), llega a los sitios, y resuelve los conflictos, y a esto está enfocada la formación y la práctica militares. La operatividad, en este mismo concepto, es también un factor clave para el éxito empresarial, y no siempre la empresa le presta la misma atención.

La capacidad, por tanto, de gestionar correctamente las crisis es fundamental en el ejército y lo es también en las empresas. El modelo de resolución de crisis militares adaptado a la empresa, exigiría: Formar un equipo de resolución de la crisis que actúa bajo el mandato del Consejo de Dirección, con autonomía para tomar las decisiones más adecuadas tras una fase intensa de información sobre la crisis planteada (los comités de contingencias o los equipos de proyecto para resolución de problemas son traslaciones a la empresa de una práctica militar muy arraigada), con eficacia y asunción de responsabilidades asociadas a las decisiones adoptadas.

Este concepto, asunción de responsabilidad, está completamente integrado en la vida militar y no siempre lo está en las empresas, que muchas veces tienen tendencia a constituir comités u organizar reuniones no tanto para adoptar las mejores decisiones como para diluir responsabilidades entre los participantes, lo que solo puede aportar soluciones mediocres poco útiles para competir en entornos tan complejos, dinámicos y hostiles como tienen hoy las empresas (las decisiones, tras la información necesaria, deberían ser rápidas, lo más sencillas posible, y eficientes, y eso no es siempre compatible con una dinámica de dilución de responsabilidades como la comentada).

Esto apunta a un concepto cada día más extendido en las empresas: la búsqueda de la excelencia como objetivo. Excelencia que para un militar no puede ser un objetivo, una opción; la excelencia es un método, una obligación, y así debería ser también para las empresas que quieran tener éxito a largo plazo. Excelencia que desde un planteamiento de gestión militar se basa en

–       Hacer las cosas bien la primera vez y cada vez

–       Planificar

–       No discutir frente a la gente

–       Cuando algo sale mal, asumir la responsabilidad sin culpar a nadie (aceptar los errores cometidos)

–       No suponer que las personas de nuestro equipo saben siempre y de antemano cómo hacer el trabajo asignado

–       Mantener la mente abierta, escuchar las sugerencias, motivar

–       Coordinar la orden dada con las áreas involucradas

–       Retroalimentar el mensaje con el receptor (tener seguridad de que se ha entendido y se aplica correctamente)

Todo esto el militar lo hace con un objetivo: prepararse para la guerra o, mejor, evitar la guerra en base a una intensa preparación

Los principios militares para la guerra podrían ser de aplicación en la que definíamos al principio como la guerra diaria de las empresas:

Objetivo: dirigir las operaciones hacia un objetivo definido y realista.

Ofensiva: capturar, retener y explotar la iniciativa (identificar y explotar la ventaja competitiva)

Economía de fuerzas: emplear el poder de combate disponible (eficiencia en la gestión de los recursos) de la mejor manera posible.

Maniobra: colocar al competidor (enemigo en términos militares) en una posición de desventaja mediante la aplicación flexible de la fuerza de combate (estrategia)

Unidad de mando: para cada objetivo hay que buscar la unidad de mando y la alineación de esfuerzos

Sorpresa: golpear al enemigo (atacar al competidor) en un momento, lugar o manera para los que no esté preparado

Simplicidad: con planes simples, claros, órdenes precisas, para asegurar la comprensión y ejecución correcta

Preparación: formación continua que facilite la adaptación a las diferentes circunstancias que pueden darse en cada momento

Moral: convicción compartida de que se puede alcanzar el objetivo

Lealtad: compromiso, aplicación de la estrategia y las tácticas definidas, obediencia responsable.

Logística: restauración de las reservas y la capacidad de combate con la rapidez que exige el rápido y moderno campo de batalla en que también se mueven las empresas.

dirección como servicio

Concluía Lorenzo con una frase atribuida a Napoleón: “el éxito no reside en vencer siempre, sino en no desanimarse nunca”.

–       Prepárate

–       Ilusiónate cada día

 

–       Lucha

–       Trabaja

–       Se constante

–       Que nadie te saque de tu camino.

Y aprende siempre.

Tal como empezaba este resumen: los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.

 

A continuación puedes ver las diapositivas de la sesión: