Sobre el fin común de la empresa

En reiteradas ocasiones, hemos planteado desde este blog la necesidad de considerar a la empresa como un proyecto común capaz de integrar a todos sus grupos de interés; un  espacio en el cual cada uno de sus participantes tenga la oportunidad de alcanzar sus objetivos individuales.

Por supuesto, cuando hablamos de este concepto no queremos expresar que los objetivos de la empresa son la suma de los objetivos individuales de cada uno de sus integrantes o de sus stakeholders, sino que a través de alcanzar el objetivo conjunto, cada integrante pueda conseguir su objetivo personal.

De esta forma, el objetivo de la empresa, más que un fin, se convierte en un medio a través del cual se pueden alcanzar metas diferentes en función de los distintos colectivos e incluso de cada una de las personas que se relacionan con ella.

Por centrar algo más el concepto desde un enfoque simplificado (por supuesto, la realidad empresarial es bastante más compleja, pero esta simplificación sirve para aclarar la propuesta): en el desarrollo de una empresa confluyen diferentes grupos con objetivos diferentes que ponen en común conocimientos, esfuerzos, tecnología, … para lograr unos objetivos, en la confianza de que si son capaces de alcanzarlos, cada uno de ellos logrará la meta que se planteó el unirse a aquella organización.

Un ejemplo muy simple: imaginemos una barca que cruza un río con una corriente importante y constituye el único modo de alcanzar la otra orilla para las personas que quieran cruzar. La fuerte corriente obliga a que tengan que ser al menos tres las personas que colaboren para cruzar el río.

Y ahora asociemos esa barca con una empresa y tres personas que coinciden en el punto de salida para cruzar el río: una quiere pasar a la otra orilla para reunirse con un grupo de amigos; otra necesita cruzar para visitar a un médico; y la tercera pretende alcanzar la otra orilla para participar en un evento deportivo. Son por tanto tres personas con objetivos diferentes, que deciden subir juntas al barco para unir sus fuerzas y conseguir llegar a la otra parte del río (objetivo común).

Este ejemplo muestra con claridad la propuesta inicial: el objetivo de la empresa (“cruzar el río”) es el que marca la dirección del esfuerzo común porque es el medio que cada una de las personas que coincidieron en el embarcadero tiene para alcanzar su meta individual (“reunirse con amigos, visitar al médico, participar en un evento deportivo”).

Trasladado el ejemplo al ámbito más complejo de las empresas, y aún de manera muy simplificada otra vez, en la medida en que una empresa cumpla su misión y a través de ella obtenga resultados suficientes (económicos y sociales, de acuerdo con su planteamiento), sus accionistas estarán más satisfechos y seguirán invirtiendo en la compañía, a la vez que atraerán a nuevos inversores, lo que permitirá a la empresa crecer, mejorar su tecnología y sus procesos, entender y atender mejor los requerimientos de sus clientes; elevar su solvencia y atender puntualmente sus compromisos con proveedores y entorno social; cumplir sus obligaciones con los empleados y, más allá, facilitar el desarrollo personal y profesional de todos sus colaboradores; … es decir, a través del objetivo común, la empresa es capaz de facilitar que cada uno de sus componentes y grupos de interés alcancen sus objetivos individuales, definiendo el círculo virtuoso en el que debería convertirse cada uno de los proyectos empresariales, siempre en fase de construcción.

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