La rentabilidad y la competencia, nuestro reto

2016-febrero-OPI-Circulo-Economia-Javier-Fur-231x300Leía hace unos días en el Barómetro Europeo de la Empresa Familiar, que no podemos olvidar que estas compañías suponen el 66 % de la actividad empresarial y el 60 % del empleo en nuestro país y que sus tres grandes inquietudes son la incertidumbre legal o política, la rentabilidad y la competencia.

Rentabilidad y competencia son, sin duda, nuestro reto; el reto de las empresas alicantinas. Son dos caras de la misma moneda. Consecuencia del poder creciente del cliente, de su mayor capacidad de elección entre productos y servicios proporcionados por empresas cada día más eficientes procedentes de lugares muy diversos, lo que exige ser muy estrictos en un servicio excelente proporcionado por una empresa.

La nuestra, comprometida con su entorno, social y económicamente muy eficiente, para proyectarnos desde nuestro ámbito local y poniendo en valor las fortalezas que nos han permitido consolidarnos aquí –adaptadas a las necesidades y expectativas de otras áreas, otras personas y otras culturas–, competir en otros mercados.

Si queremos tener éxito en este mundo global, debemos poner a cada cliente en el centro de nuestra actividad y facilitar la satisfacción de sus necesidades de mejor manera que nuestros competidores. Decía Peter Drucker que no debemos olvidar que los mejores resultados de una empresa no están en el interior de sus paredes; el resultado de un buen negocio es siempre un cliente satisfecho. Es la única forma de asegurar el futuro y conseguir resultados sostenibles.

La estrategia sigue siendo fundamental pero ahora, más que nunca, la flexibilidad tiene que formar parte de nuestro ADN, al mismo nivel que el comportamiento ético exigible a todos los miembros de la organización y a todos los estamentos de la sociedad.

Todo esto desde la convicción de que las administraciones tienen un papel de catalizador que favorezca esta actividad empresarial.

Lo tenemos muy complicado cuando a los retos de la rentabilidad y la competencia, que son a los que podemos hacer frente con los argumentos de la empresa, tenemos que unir la incertidumbre legal o política, no entendida como el cambio en las opciones políticas gobernantes, que esa es la esencia de la democracia, sino a posibles decisiones poco coherentes con criterios generalmente aceptados sobre los que se han construido certidumbres que han impulsado el emprendimiento empresarial.

Algunos aspectos de la vida en común como la educación, la sanidad o, en nuestro caso, el papel de las empresas en el desarrollo de nuestro estado del bienestar no deberían ser moneda de cambio entre las diferentes opciones políticas y mucho menos en ámbitos locales en los que habitualmente se plasman o no las iniciativas empresariales.

 

Artículo de opinión de Javier Fur (presidente Círculo de Economía de la Provincia de Alicante) publicado en la revista Economia3

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