La gestión del cambio.

Vivimos en un tiempo de paradojas y seguramente la más evidente es el cambio., de manera que si tuviéramos que definir con una sola palabra este tiempo, probablemente coincidamos en que esa palabra es “cambio”. Paradoja porque el cambio es lo único que permanece.

El cambio es una constante en nuestra vida y en la vida de nuestras empresas, y se produce de manera tan acelerada que muchas veces ni nos damos cuenta de que pasa. Nos adaptamos, incluso inconscientemente, en nuestra vida privada.

Pasamos de la T.V. con uno o dos canales a un montón de alternativas de elección; del vídeo Beta al VHS, de aquí al DVD, al Blue Ray, a la vídeo consola, a la T.V. en 3D, …

Y tenemos que adaptar también nuestras empresas. El cambio es una constante en las organizaciones.

Cambio impulsado en unos casos por el entorno (globalización, internacionalización de la economía, modificaciones legales, impacto de la tecnología, …), los competidores (CRM, internet, eficiencia en costes, B2B, B2C, …) o la propia empresa (fusiones, escisiones, modificación de estructura, …).

Vivimos, por tanto, en una época de turbulencias que ya no va a cambiar. Las empresas deben adaptarse a vivir en este mundo, parece que a veces inconsistente, y tienen que asegurar su futuro, del que solo sabemos que será distinto al pasado.

Tenemos que aprender a manejarnos en la complejidad, lo que no es fácil nunca, y menos cuando venimos de una época en que prácticamente todo era predecible.

El cambio, pues, está aquí. El problema surge cuando tras haber aceptado que se necesita cambiar, se debe gestionar ese cambio.

Y ahí, en la gestión del cambio, radica una parte importante del éxito o el fracaso de muchas empresas.

Los problemas en la gestión del cambio están siempre asociados a “miedos” de las personas de la organización a todos los niveles (dirección, mandos intermedios, empleados). Son miedos debidos a la incertidumbre y pérdida de control de la nueva situación, falta de confianza, ruptura de rutinas, … en general, miedo a lo desconocido, a salir fuera de nuestro espacio cómodo de control.

Un cambio en la empresa exige siempre nuevas actitudes en las personas, por lo que gestionar el cambio se traduce en gestionar personas y en su faceta más compleja: gestionar actitudes; en muchos casos, seducir a la organización. Y si eso es complicado uno a uno, mucho más cuando se trata de implicar, de convencer a la empresa entera.

Pero es imprescindible. En el entorno actual nos encontramos con la continua emergencia de factores que alteran la relación entre la empresa y la sociedad. Las demandas de los clientes son cada día más complejas y, en ocasiones, contradictorias (más calidad a menor precio, por ejemplo), lo que provoca desequilibrios en las organizaciones.

Estamos ante un entorno cambiante, complejo, poco previsible y en el que debemos lograr encauzar nuestras empresas para lograr la supervivencia actual y el éxito futuro.

Se trata de aprender a gestionar la complejidad.

Ya no es suficiente con producir bien productos y servicios. Ese es un valor entendido. Hay mucha gente que lo puede hacer muy bien. Se trata de saber diferenciarnos positivamente de nuestros competidores.

La principal carencia del modelo de gestión tradicional es su soporte sobre modelos mecánicos basados en estructuras jerárquicas muy marcadas que limitan la innovación y, sobre todo, la necesaria flexibilidad y rapidez que exige la adaptación a los cambios del entorno. El cambio acelerado exige contar con la mayor flexibilidad y con la aportación de todos los empleados para salir adelante.

Ya no es suficiente, decía, con producir bien productos y servicios. Es necesario obtener ventajas competitivas que sean reconocidas y apreciadas por los clientes, de manera que nos permitan apropiarnos de una parte, al menos, del valor que generamos.

Y esas ventajas, para que sean sostenibles en el tiempo, deben ser difíciles de copiar por nuestros competidores, por lo que necesariamente deberán sustentarse sobre elementos intangibles de la empresa, sobre las capacidades y las actitudes de los empleados combinadas con los procedimientos y la forma de gestión interna de la empresa.

En este contexto, la labor de las áreas de gestión de Recursos Humanos cobra importancia y reconocimiento creciente en las empresas. Realmente, está en las manos de Recursos Humanos una parte importante del éxito de las compañías.

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