El secreto está en las preguntas (1)

Decía Albert Einstein que “lo importante es no dejar de hacerse preguntas” refiriéndose a la curiosidad como elemento indispensable del descubrimiento y del progreso.

La mayor parte del tiempo ni siquiera somos conscientes de estar haciéndonos preguntas, pero forman parte de nuestro proceso de pensamiento en cada momento de nuestra vida. Pensar es en realidad un proceso de preguntas y respuestas que ocurre en nuestro cerebro a la velocidad de la luz.

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, nuestro cerebro está analizando el entorno y haciendo preguntas sobre el mismo para comprenderlo, integrarlo y tomar decisiones. Qué ropa nos ponemos cada día, qué comemos, con quién queremos hablar, de qué, qué tareas realizar ese día, por dónde empezar, qué necesitamos comprar, para qué, qué podemos hacer para convencer a ese cliente, cómo solucionar ese conflicto con un compañero, qué ha querido decir fulanito…nuestra vida cotidiana es un baile continuo de preguntas y respuestas.

Y las preguntas conducen a resultados. Consideremos por ejemplo tres líderes de empresa, cada uno de ellos tratando de dar respuesta a cada una de estas preguntas: ¿cuál es la mejor forma de satisfacer a los accionistas?, ¿cuál es la mejor forma de satisfacer a los clientes? y ¿cuál es la mejor forma de satisfacer a los empleados?

Cada una de estas preguntas llevará a cada organización a realizar proyectos diferentes y por tanto a resultados diferentes.

Sin embargo, a pesar de la importancia de las preguntas, solemos poner el foco en la búsqueda de respuestas, especialmente cuando nos sentimos bloqueados o nos enfrentamos a la incertidumbre: “¡quiero respuestas!” suele ser el grito de guerra del líder en apuros.

La cuestión está en que los problemas, los bloqueos, los fracasos, no son hechos aislados sino que son procesos, como veíamos en el post La diferencia entre estar en la media o sobresalir. Es decir, son las respuestas a preguntas que se hicieron previamente.

Por ello, el secreto para resolver un problema no está en poner el foco en encontrar respuestas sino en cambiar las preguntas. Citando a Einstein una vez más: “no podemos resolver problemas con el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando los creamos”.

¿Y cuál es el primer paso para cambiar las preguntas? Pues como en casi todo lo que tiene que ver con el cambio, lo primero es tomar conciencia de dónde estamos, de dónde partimos, especialmente en lo que se refiere a nosotros mismos: ¿desde qué actitud estamos observando la situación? ¿Estamos mirando al pasado, buscando explicaciones y culpables? O por el contrario ¿las preguntas que nos estamos haciendo nos enfocan hacia nuevas posibilidades?

En el próximo post seguiremos hablando del arte de hacerse preguntas, veremos cómo distintas actitudes conducen a distintos tipos de preguntas y por tanto hacia distintos caminos, unos de éxito y otros no tanto.

Si te parece interesante, compártelo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *