¿Salvar el hoy o preparar el mañana?. El desarrollo profesional (6).

Terminaba el post anterior haciendo mención a la focalización táctica de muchas empresas, que en este tiempo de crisis están obsesionadas con salvar el día a día, en sobrevivir, lo que sugiere entrar en el debate de las prioridades de la empresa, ante lo que cabría preguntarse qué es más importante, ¿salvar el día a día o centrarse en el futuro?.

Pero obviamente, este es un debate falso. Las empresas necesitan salvar el “hoy” porque “sin hoy no hay mañana”. Pero si nadie está pensando en “mañana”, acabamos convirtiéndonos en empresas zombis que caerán a la menor ráfaga de viento imprevisto que aparezca. Y aparecerán, que el mundo, y especialmente el de los negocios –como hemos tenido muchas oportunidades de aprender bien-, es imprevisible.

Tenemos, por tanto, que prepararnos también hoy para ser capaces de responder a las demandas cambiantes que nos exigirá el futuro, lo que significa que la visión estratégica, más que para vislumbrar el futuro –que también hay que tratar de hacerlo, porque fijar metas, aún sabiendo que en muchas ocasiones tendremos que ir reenfocándolas, es muy importante para alinear los recursos de la empresa- debe enfocarse a tener los recursos permanentemente preparados para atender esas exigencias variables de los clientes y del entorno social condicionadas por la globalización, la intensidad de los competidores, la aportación de la tecnología, la innovación continua, …

En consecuencia, hacer las cosas bien hoy es la base sobre la que construiremos el futuro (que empieza en el siguiente segundo) y de una base sólida depende en gran medida una construcción robusta, pero la base la tenemos que preparar pensando en esa construcción, que no es otra cosa que la misión de la empresa, esa especie de utopía que guiará todas nuestras actuaciones y permitirá evolucionar de acuerdo con el contexto pero con el punto claro del horizonte al que nos dirigimos.

Trabajar para salvar el día a día sí, por supuesto. Si no sobrevivimos a hoy, mañana ya no existirá. Pero con la visión permanente del futuro que deseamos alcanzar haciendo perfectamente coherentes la táctica –lo que hacemos hoy- con la estrategia –que apunta hacia lo que queremos y cómo queremos ser mañana-, en el marco de una cultura de empresa que facilite esa transición entre las dos.

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